UN CUENTO DE HADAS COSMOPOLITA

Por Inés María Agosta

Estamos acostumbrados a asociar las bodas con un vestido de novia blanco, una iglesia o  un templo

y un salón de fiestas. Sin embargo, cuando dos personas que provienen de culturas completamente diferentes deciden casarse, son muchos más los ritos que entran en juego. El fotógrafo Adrián Tomadín compartió

con nosotros su trabajo realizado para la española María Mar Ávila y el indio Haripreet Singh Riar, quienes

contrajeron matrimonio en el 2013 en Singapur según el rito de la India llamado Punjabi.

Como toda buena historia de amor, en la de María y Haripreet también está presente París. Corría el año 2012 y en pleno barrio de Montemartre, Haripreet se arrodilló para pedirle matrimonio a María. Desde ese momento comenzaron los preparativos de una boda que seguramente era muy distinta a la que ella podría haber imaginado en su infancia. Es que su futuro esposo, Haripreet, proviene de una cultura en la que los casamientos no duran sólo una noche y los protagonistas no son sólo los novios. Según el sitio de Nikhil Bhide, las bodas punjabi son consideradas un fiel reflejo de la cultura india por su exuberancia. Éstas cuentan con ocho rituales durante los días anteriores, cinco en el mismo día y tres en los días que le siguen. Los integrantes de la familia tienen mucho protagonismo y además de intercambios de regalos y baños purificadores, tienen lugar bailes y cantos acompañados por abundantes comidas. La ceremonia en sí es por la noche, luego de la cena, y es oficiada por un sacerdote. Al finalizar, la pareja da siete círculos alrededor del fuego ceremonial y recibe la bendición de los mayores. Los días después de la boda los distintos ritos tienen lugar en las casas de ambas familias.

Además de las fotografías de Tomadín, no hay mejor acercamiento a esta boda tan especial que el testimonio de la novia:

“Comenzamos con la ceremonia de purificación en casa: la cúrcuma, yoghurt y aceite, tres ingredientes con los que amigos y familiares purificaron nuestro cuerpo, después, ya estaba lista para la sesión de henna, en la que las mujeres dibujan sus manos o pies, y a mí, por ser la novia, me llevé el lote entero: manos y pies.

Al día siguiente, nos casamos en un templo Sikh, donde una atmosfera de color y luz estuvo presente en todo momento. Fue un día largo, pero la adrenalina de cada momento nos mantenía en alerta para continuar con las pequeñas ceremonias. Una de ellas – para mí de las más emotivas – fue el recibimiento en la casa de Hari como marido y mujer. Nunca olvidaré a toda su familia dándome la bienvenida. Nos despedimos de todos los invitados en una cena recepción. La entrada al salón fue otro de los momentos más emocionantes que recuerdo, la fusión de música india con castañuelas españolas… imposible describir la amalgama de sentimientos que se creó en mi corazón. Una noche que hizo de broche final con bellos recuerdos, muchísimo baile – tanto indio como español -, confidencias y risas.”

Adrián Tomadín es un fotógrafo argentino que vive en España desde hace más de una década. Una de sus marcas registradas es dejar que el corazón dirija el objetivo de la cámara y lo ayude a transmitir emociones. A través de Internet, María conoció a Adrián y lo hizo parte de su boda de cuento. Ella afirma que él es “Quien me enseñó que con una imagen se pueden escribir historias” y que “a través de las fotos de Adrián podemos sentir, vivir y casi oler, uno de los regalos más maravillosos que hemos recibido en nuestra vida…el amor.”

Fotos: Adrián Tomadín