BELEN & TOMAS

Belén Ayerza y Tomás de Pablos eligieron casarse entre las viñas y los cerros de Cafayate. La fiesta se extendió por tres días y la luna llena los acompañó todas las noches. Un casamiento de cuento, iluminado por la intensidad del paisaje salteño, como ellos lo soñaron desde que se conocieron y viajaron juntos por primera vez.

La gran decisión

“Estamos de novios desde hace cinco años. Hace tiempo que queríamos casarnos, pero había que esperar el momento indicado. Ese momento llegó en diciembre pasado durante unas vacaciones en Brasil. Allí Tommy me propuso casamiento de manera formal.

El lugar elegido

“Nuestro primer viaje juntos fue a Salta y Jujuy. Al llegar a Cafayate, nos enamoramos del lugar, y dijimos que si algún día nos casábamos, sería entre esos cerros increíbles. Siempre quisimos un casamiento relajado en medio de la naturaleza, con pocos invitados. Un estilo simple. En algún momento, se nos ocurrió casarnos en España, pero Cafayate siempre volvía como uno de nuestros grandes recuerdos

La organización

“En marzo, luego de nuestras vacaciones, empezamos a definir lo que queríamos. No íbamos a renunciar a tener a los mejores proveedores que, además, son nuestros grandes amigos. Techi Michelson de Pieres Michelson Ambientaciones, Tomás Casado Sastre, que tiene un restaurante en Cafayate, y Chule y Puli, de Sarapura. Ellos eran infaltables. Así que la fecha del casamiento —el 7 de octubre— la definimos en base a su disponibilidad. Decidimos organizar todo nosotros solos. El único que nos ayudó fue Tomás Casado, que vive en Cafayate. Y un mes antes, contratamos a Ale Toscano, una wedding planner que trabaja en Buenos Aires y Tucumán. Esa decisión fue clave, porque ella conocía a los proveedores y, junto a su equipo, coordinaron todos los detalles los días previos a la fiesta. Salió todo espectacular.”

El look

“El vestido fue la excusa perfecta para hacer un viaje con mis hermanas y mamá a Estados Unidos. Investigué los diseñadores que me gustaban y averigüé en qué locales de Miami vendían sus vestidos para concretar las citas previas con tiempo, ya que íbamos sólo cinco días. Fue todo mucho más simple de lo que imaginé. Hicimos citas en cinco lugares, pero en el primero, “Lovely Bride”, ya elegí mi vestido: uno de la diseñadora española Rosa Clará, off white, estilo griego con la espalda descubierta y hombreras decoradas con piedras. Ahí también encontré el tocado. Al día siguiente, súper eficientes, me entregaron todo: achicaron el vestido y le cortaron la cola, porque yo quería bailar toda la noche. Durante ese viaje también me compré el vestido del Civil, de Emilio Pucci, y los zapatos para las dos ceremonias. Y también aproveché para conseguir el cotillón de la fiesta, muy divertido, brillaba a la noche.”

El novio

“Tommy tenía un traje azul con corbata tejida a tono, con zapatos de gamuza y cinturón marrones. Impecable.”

Todo un estilo

“Yo tenía una lista de cosas que no podían faltar en nuestro casamiento: la luna llena, la naturaleza, el aire libre y Cafayate. Además, queríamos casarnos lejos de nuestra casa, para poder disfrutar varios días con amigos y familia. Nos alojamos todos en el hotel que está dentro de Estancias de Cafayate, que se llama Grace. El festejo empezó el jueves con un fogón al aire libre entre las dunas, porque ese día arrancó la luna llena. Después hicimos una fiesta electrónica en una casa, para que se sacaran las ganas de bailar. El viernes hubo un torneo de golf con entrega de premios. Y el sábado, a las 4 de la tarde, empezó la ceremonia tan esperada.”

“Yo tenía una lista de cosas que no podían faltar en nuestro casamiento: la luna llena, la naturaleza, el aire libre y Cafayate.”

Contra viento y marea

“Un ítem que tuve que agregar a último momento fue ¡curarme la pierna! Cuarenta y cinco días antes de casarme (25 días antes del Civil), me fracturé el peroné y tuve un triple esguince de tobillo, que exigían una operación y 60 días de muletas. Contra cualquier recomendación, pero al mismo tiempo siguiendo todos los consejos de mi traumatólogo y kinesiólogo, logré llegar con bastón y zapatillas al Civil y sin renguear a la Iglesia. Además, el casamiento y la fiesta duraron casi 15 horas y las disfruté en cada segundo. Hoy, por no haberme operado, sigo rehabilitando, pero ya puedo decir que me falta cada vez menos y… ¿quién me quita lo bailado?”

Un toque especial

“Queríamos contratar la mayor cantidad de proveedores de Cafayate, para que nuestros invitados conocieran las maravillas del lugar y entendieran por qué nos gusta tanto ir. El casamiento fue en Estancias de Cafayate. Llevamos de Buenos Aires a Techi Michelon, de Pieres Michelson, para la ambientación. Es una íntima amiga mía y con los trabajos alucinantes que hace, sabíamos que podíamos avanzar con los ojos cerrados. La música la dejamos en manos de Chule y Puli, de Sarapura, también amigos nuestros desde hace años, una garantía de éxito. Para el catering elegimos el del hotel Patios de Cafayate, ¡una delicia! Empanaditas salteñas, humitas, bruschettas con queso de cabra, asado, cazuelitas con bondiola, papines andinos y manzanas asadas, hechas en horno de barro. De postre, una mousse de dulce de leche con frutas locales. Junto al café servimos dulce de cayote con quesillo, un postre típico del lugar. El vino también de la zona,  de la bodega Colomé: torrontés y malbec. Y champagne, de Amalaya.”

Música de la tierra

“Elegimos un show de Tinku, que es una danza folclórica de Bolivia. Un grupo de treinta bailarines con un vestuario súper alegre animaron la fiesta. Le dieron mucho color a la noche.”

La previa

“Ese día me desperté muy tranquila, desayuné en el hotel con la mayoría de los invitados y después nos juntamos en mi cuarto con mis hermanas y mamá. De todas maneras, el resto de mi familia entraba y salía todo el tiempo, incluidos mis cuñados.”

Felices juntos

“¿Lo que más disfruté? Las 72 horas que compartimos con la gente que queremos. Todo fue perfecto y mejor de lo que siempre soñé. La pierna no me importó nada y hasta me obligó, por suerte, a ponerme zapatillas a las dos horas de que el casamiento haya empezado. Así que disfrutamos sin parar de principio a fin.”

Y comieron perdices…

“Nos vamos ahora de luna de miel, ya está más avanzada mi rehabilitación. Elegimos destinos en los cuales hacer deportes de playa y montaña: primero Hawaii y luego, nos vamos a esquiar a Japón; terminamos el viaje en New York, una ciudad que nos encanta.”

Por DOLORES VIDAL - Ph. JOSE PEREYRA LUCENA