CECILIA GADEA

ME GUSTA EL CRUCE ENTRE PASADO Y PRESENTE

Por DOLORES VIDAL

Con espíritu inquieto y temple de investigadora, la diseñadora Cecilia Gadea conjuga la trama del ayer y el mañana en perfecta sintonía. Sus prendas, de confección impecable, tienen el misterio de la sutileza, el eterno enigma de lo femenino. Hay algo tan personal en su sello de autora, una mirada única y sensible, que sus diseños son fácilmente reconocibles como fragmentos de su obra/colección. No podrían ser de otra persona. 

En su infancia ya aparecieron las primeras pistas de su búsqueda. “Pasé muchas tardes con mi abuela, que era modista —cuenta—. Tengo recuerdos de tardes enteras, rodeada de telas y moldes, jugando con las cajas de botones. Mis primeros figurines los dibujé con tiza en los mosaicos de su patio”, agrega.

Así, esta diseñadora gráfica, egresada en la UBA, fue escribiendo su historia y descubriendo un idioma especial dentro del universo de la moda. “Mi formación influyó en mi acercamiento a la indumentaria y en la construcción de mi propio lenguaje. Se tradujo permanentemente en la investigación textil, a través del calado láser, el bordado y la aparición de la tipografía como forma re-significada a modo de encaje moderno”, explica a NUBILIS esta creativa talentosa, integrante de una camada emblemática del diseño de autor en la Argentina, que hoy es profesora de la Universidad de Palermo en el área de Moda y Tendencia en la Facultad de Diseño y Comunicación.

¿Cuándo lanzaste tu propia marca?

En el 2000. Prioricé mi pasión por explorar, desarrollar y buscar mi identidad como diseñadora. Este amor por mi trabajo me hizo siempre seguir adelante.

¿Cuáles fueron tus hitos profesionales?

Mi primer paso importante fue ganar el concurso para jóvenes diseñadores, Tela y Talento, que organizaba la empresa Alpargatas. Así obtuve una beca para estudiar en Saint Martins School of Arts & Design, de Londres. Después trabajé como diseñadora para distintas empresas. Y tuve la suerte de trabajar en equipo con personas a las que admiro muchísimo, tanto fotógrafos como referentes del arte y la danza. También fue un hito abrir mi primera tienda, vender mis prendas en el exterior y algunos desfiles que fueron muy icónicos en mi recorrido.

¿En qué momento laboral estás?

En una etapa de germinación de ideas. Estoy gestando pequeños proyectos vinculados a mi marca y otros colaborativos como, por ejemplo, en lo académico: un estudio de contenidos de diseño junto a mi colega Nadine Zlotogora.

Sos representante de toda una generación prestigiosa del diseño de autor. ¿Qué fue lo más difícil de ese camino?

Los profesionales que surgimos con propuestas independientes en 2000 fuimos los primeros en dar el paso para transformar el diseño en emprendimientos comerciales creativos. Lo hicimos de  manera muy intuitiva, con pocos recursos y con mucha perseverancia. Fue aprender de los errores, temporada tras temporada. Pero esas dificultades, a la vez, nos hicieron generar interesantes búsquedas individuales. En mi caso, a partir de la investigación y el uso del calado láser y los bordados, logré dar una impronta personal a mis telas.

¿Qué es hoy lo más complejo?

Proyectar, crecer y perdurar en un mercado cada vez más difícil.

¿Dónde está el desafío permanente?

En un momento de cambios vertiginosos, donde hay un exceso de propuestas, el desafío es seguir innovando y  adaptarse a los cambios del mercado. Yo sigo investigando y re-significando mi propio universo. Y, además, está el desafío de diseñar con conciencia y de manera sustentable. Revisar los materiales que usamos, los procesos de producción y cuidar la calidad de las piezas que producimos.

¿Quiénes son fans de tus colecciones?

Las mujeres que valoran el diseño, que buscan piezas atemporales que las identifiquen más allá de las tendencias. Tengo muchas clientas de afuera, que llegan a mi tienda porque han visto mi trabajo en la web o en algún lugar de Tokio, New York o Barcelona.

¿Cómo definís tu sello de autora?

La indumentaria es mi modo de expresión. Mi soporte para transmitir mensajes y generar sensaciones. Es como una “storyteller”, a partir del textil. Mis prendas son para mirar de cerca por sus detalles. Me interesa el cruce entre pasado y presente, de lo nuevo con lo viejo. Estos conceptos se funden y, por eso, mis colecciones son atemporales.

Tus creaciones rinden un homenaje a oficios ancestrales.

Sí, a eso apunto con mis desarrollos textiles. Me sirvo de técnicas antiguas, como los telares donde se producen broderies tradicionales para blanquería, por ejemplo. Yo bordo mis propias bases y llevo el broderie y el guipure a otros rubros. Trabajo con paños, denim y materiales impermeables y les doy un nuevo valor. Y a la inversa, a las técnicas más industriales y de innovación como el láser, las utilizo de una manera que remiten a lo artesanal y al pasado, generando una contraposición y confluencia de épocas.

“Mis colecciones son como relatos que hablan de pequeñas cosas: historias, a veces autobiográficas, otras de Buenos Aires de principios de siglo XX y también de mi visión sobre lo femenino”.

¿Qué busca una novia cuando llama a Cecilia Gadea?

Busca algo diferente, no el estereotipo del vestido de novia. En general, es una mujer que ha visto mis prendas y me elige para hacer ese vestido tan especial.

¿Cuál es tu propuesta?

Una pieza única. Mis vestidos de novia tienen los rasgos de mis colecciones, en cuanto a los recursos, siluetas y textiles. Son románticos y apuntan a la calidad. Soy obsesiva en eso.

¿Cómo se desarrolla el proceso, a partir de que una novia te contacta para una entrevista?

Tengo un primer encuentro en donde intercambiamos ideas. Una vez que define hacer el vestido conmigo, realizo bocetos en base a lo conversado y propongo materiales, detalles de diseño y presupuestos. Luego nos reunimos con la modista y comenzamos el desarrollo.

¿Cuántas pruebas recomendás?

No tengo una cantidad de pruebas estipuladas. Cada clienta y vestido son únicos y las pruebas se acuerdan para que el resultado quede como lo imaginamos. Es un proceso que disfruto mucho. Siento que soy parte de un momento muy especial de felicidad y ansiedad a la vez. Yo no me propuse hacer vestidos de novia, es algo que surgió naturalmente. Mis clientas de años, a la hora de casarse, me pedían que les diseñara el vestido.

¿Asesorás en todo lo que acompaña el look? ¿Zapatos, accesorios, peinado?

Sí, en general, me consultan. Creo que tiene que haber una armonía en toda la elección.

¿Cuál es el mayor desafío a la hora de diseñar un vestido de novia?

El objetivo es lograr interpretar a la novia con mi impronta de diseño. El vestido tiene que realzar su belleza y, a la vez, acompañarla y hacerla sentir cómoda. 

¿Te acordás de alguna novia en especial?

¡De todas! Cada novia es una historia. Recuerdo, por ejemplo, una clienta de años, que conoció a su marido usando un diseño mío y entonces quería tener un vestido hecho por mí el día de su casamiento. También me pasó algo muy especial con una pareja de California. Estaban recorriendo la Argentina y pasaron por mi local y estuvimos horas charlando. A la semana, regresaron y me contaron que se casaban cuando volvieran de su viaje y habían decidido quedarse un mes más en Buenos Aires para que yo hiciera el vestido de novia de ella. Son pequeñas historias que se cruzan y que forman parte de mi recorrido como diseñadora.

¿Qué te inspira?

El cuerpo y la indumentaria como espacio de expresión. La indumentaria es mi modo de contar una historia, de transmitir un mensaje sobre los temas que me movilizan. Mi acercamiento a la moda fue la respuesta a la búsqueda de una forma de expresión; algo que comenzó de manera intuitiva y luego se transformó en un lenguaje y cobró forma como marca de indumentaria.

¿Cómo proyectás tus colecciones?

Mis colecciones son como relatos que hablan de pequeñas cosas: historias a veces autobiográficas, otras de Buenos Aires de principios de siglo XX y también de mi visión sobre lo femenino. Siempre está muy presente en mi trabajo la revalorización y resignificación de lo artesanal.

¿Qué podés decir de tu nueva colección verano 19?

Explora nuevas técnicas, vincula lo industrial con lo artesanal. Tiene una serie de piezas únicas y algunos vestidos de novia muy especiales.

¿Pasás por momentos de mente en blanco, que no sabés por dónde seguir?

Sí. Pero tengo mis recursos. Cuadernos donde voy escribiendo ideas y recopilando imágenes que me inspiran. Siempre encuentro algo ahí que me quedó por contar.