CÓMO PERDER EL MIEDO A LA INCERTIDUMBRE Y APROVECHARLA

Lic. Miguel Espeche

dibujo_lowLa intención está. Aquello de que “hasta que la muerte los separe” es dicho desde el corazón por una enorme mayoría de parejas que toman la decisión de casarse.

Ocurre, sin embargo, que a nadie se le escapa que la posibilidad de una futura separación es real. Nadie tiene, sabemos bien, el futuro comprado.

Frente a la realidad de que la incertidumbre es parte de la vida, sin embargo vemos que el compromiso de apuntar a una unión perdurable es real y genuino en una gran mayoría. La certeza está en la actitud, no en el resultado, pero la vida es eso: actitudes, deseos llevados a cabo con honestidad del corazón, sabiendo, sin embargo, que hay variables que se pueden escapar y el destino está abierto siempre.

Lo antedicho puede parecer “mala onda”. Sin embargo, la noción de que al futuro se lo va haciendo día a día y no se lo compra a través de una ceremonia, por maravillosa que ésta sea, puede ser un tónico para la pareja y no un “bajón” agorero que opaque la ilusión del “forever” anhelado.

Tanto es así que la madurez está en reconocer lo incierto del futuro, para no dormirse en ilusiones infantiles que no distinguen intención firme y comprometida, de lo que es intencionalidad pueril. Es que, por otro lado, también es infantil pretender un mundo sin frustraciones ni defectos, pretensión que para muchos especialistas es una clave para comprender el porqué de tantas separaciones, muchas de ellas derivadas de una noción de “bienestar” parecida más a la de aquella pachorra amniótica vivida en la panza de la mamá, que a lo que corresponde a adultos que, por jóvenes que sean, sabrán de dificultades y desiertos, además de lo lindo que sin dudas va a ocurrir en sus vidas. Son esas dificultades las que pondrán a prueba la madurez y, a la vez, ayudarán a que los protagonistas conozcan fortalezas antes desconocidas.

Es sabido que el primer año es difícil. Lo es para la pareja en lo que a vínculo respecta, pero, también, lo es por lo que le pasa a los miembros de la misma al verse a sí mismos en un “ecosistema” tan diferente, en el que se encuentran todo el tiempo en paisajes que se parecen poco a los de la casa de los padres o al silencioso departamento de soltero/a en el que el sonido de los propios pasos era solamente escuchado por el dueño de casa, sin que hubiera testigos a la vista.

A su vez, hay una idea falsa de lo que es la adultez y la responsabilidad. En ese sentido nada más elocuente que el testimonio de una joven colegiala que decía días atrás: “no quiero crecer, cuando sos grande, se te acaba la vida”. Esta frase es muy común y de hecho obra en la mente de muchos jóvenes recién casados que, al ver asomar los primeros problemas, ven con pánico que se corrobora aquello de que al terminarse la soltería, se acabó el placer de la vida misma. Esta muy errónea idea debilita los temperamentos a la hora de abordar los desencuentros, los que son vistos como tragedias y no como lo que son: problemas que siempre, pero siempre, aparecerán porque son parte de la condición humana y, por otra parte, no son, ni remotamente, signo de que la vida no ofrecerá goces y entusiasmos, sólo les cambia un poco la música de fondo y, algo, la escenografía.

La posible finitud de las cosas, cuando es vista sin miedo, intensifica la percepción de lo que nos rodea y hace que se valore más lo que se tiene. El miedo es el problema, no la incertidumbre. Confiar no es dejar de ver que no tenemos el futuro atado a nuestras ilusiones, sino que es mirar el horizonte sin temer, sabiendo que podrán aparecer problemas, pero, sin dudas, junto con esos problemas aparecerán los recursos para afrontarlos de la mejor manera.

(*) Licenciado en Psicología y especialista en Vínculos Familiares. Ejerce como psicólogo clínico y realiza conferencias y talleres vinculados a temas diversos. Desde el año 1998 es Coordinador General del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano.

Escribió el libro Penas de Amor, casos reales y actitudes frente al dolor emocional, y acaba de publicar el libro Criar sin Miedo.