DIFERENCIAS

“...brindamos por las diferencias que nos mantienen divertidos, a veces enojados, pero siempre alertas”.

Mi marido es la persona más ordenada que conocí en mi vida. Yo soy un desorden caminando. El es racional. A mi me desbordan las emociones. El es constante. Yo cambio de planes día por medio. El es reservado. Yo me hago amigos en todos lados. Sin embargo cuando nos conocimos parecíamos iguales. Todo lo que yo decía a el le parecía fresco y espontaneo, a mi sus estructuras me parecían divinas. Mi desorden le daba ternura a mi su orden me causaba risa. Es en esa parte del amor donde nos convertimos en fanáticos del otro, esa época maravillosa donde las diferencias son recibidas con alegre inocencia. Nada molesta, ni irrita, las mariposas se encargan de poner risa en aún en las diferencias. Pasan los días, se convierten en años y las emociones primeras dan lugar a la rutina, a la vida misma pasando por nuestra casa. Y mi desorden ya no le divierte, ni mi “inconstancia” le causa tanta gracia. Las discusiones se llenan de acusaciones cuando el no puede con mis emociones ni yo con su racionalidad. “Somos diferentes” es la frase que me queda en la cabeza después de cada pelea. Lo siento como una sentencia, como un veredicto final que me asusta y me aleja. Esta es la parte del amor donde no todo es fácil, ni rosa y en la cual las mariposas ni asoman. Es la parte en la que vemos al otro por lo que es, sin adornos ni maquillajes. Después de 16 años de casados, hoy siento que ser diferentes ha sido justamente nuestra mejor fórmula en esta relación. Nuestra casa esta más ordenada de lo que estaría si fuese “mi” casa y menos ordenada de lo que el quisiera en “su”. Pero es “nuestra” y ese deseo le gana al orden. Su auto esta siempre impecable, el mío es casi siempre un caos. Agradecemos haber logrado tener dos autos y una batalla menos. Su racionalidad muchas veces calma mis emociones; su constancia me ha contagiado para terminar proyectos así como mi flexibilidad para cambiar planes lo hizo a él mas relajado y menos serio. Mi mundo de amigos es ya un poco suyo y su reserva me inspiró para aprender a estar bien también cuando estoy sola. Estamos en la parte esa del amor en la cual nos complementamos y ya abandonamos la utopía de pretender cambiarnos. Somos lo que somos, damos lo mejor que podemos y creemos en este proyecto aún cuando no estamos para nada de acuerdo. Ser “diferentes” hoy lo vemos como un derecho y muchas veces es una bendición. En esta casa no podrían vivir dos personas igual de desordenadas ahogadas en un mar de emociones. Nos amamos, nos respetemos y brindamos por las diferencias que nos mantienen divertidos, a veces enojados, pero siempre alertas.

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