EL AMOR DESPUÉS DEL AMOR

LIC. MIGUEL ESPECHE

mariposas2_lowLas cosas de la vida cambian, o, al menos, toman otras formas. El amor de pareja también.  Muchos entienden que lo eterno es lo que mantiene una misma forma a lo largo de los años, sin percatarse que, justamente, lo eterno existe más allá de las formas, algo que, sin dudas, vale para el matrimonio.

Así como el cuerpo es el mismo toda la vida, aun cuando vaya teniendo formas diferenciadas a lo largo de los años, a los amores les pasa lo mismo a medida que el tiempo va marcando su huella.

Lo antes expresado es una verdad que se olvida cuando se confunden los fuegos artificiales del comienzo con el amor “mejor”, teniendo mala prensa otros momentos del vínculo igualmente valiosos, como lo son los esforzados años de crianza de chicos, o los momentos en los que la pareja, tras atravesar valles y montañas, logra un clima hondo, pero más atemperado.

El hecho de que muchas parejas deriven en divorcio asusta a muchas jovenes matrimonios que “andan bien”, pero con temor a que les pase  “eso” que vivieron otros que terminaron con la relación. Esas parejas suelen preguntarse cuáles serán los primeros síntomas de lo que, en otros matrimonios, indicaba el acabóse. Es en esas situaciones que los avatares normales del vínculo pueden confundirse con un indicio del “final”, viéndose con alarma toda modificación del tono emocional o de los ritmos cotidianos de la pareja.

Es por esa razón importante decir que, “el amor después del amor”, es decir, lo que sigue al primer tiempo de enamoramiento, es también amor, no otra cosa.

La idealización es parte importante de las cosas del amor, aunque no hay que exagerar ya que se vuelve en contra de la eficacia emocional cuando perdura rigidamente y no abre juego a una visión más sustantiva de la realidad vincular.

Digamos que existen aquellas idealizaciones que invisten al otro y al vínculo de atributos y potencialidades exageradamente maravillosas. Pero  también hay algo que podríamos llamar “idealizaciones negativas”, que son aquellas en las que, ante una realidad dada, la mente  pone música de película de terror a lo que es, sencillamente, un problema, y no una catástrofe.

Cada etapa del vínculo amerita vivirse con confianza, sin que la ansiedad gane el partido. Cada momento de la vida de pareja tiene sus problemas, pero también tiene sus recursos. Si así no fuera, la especie humana se habría extinguido hace mucho tiempo.

Los problemas que surgen en el amor de una pareja que emprende un camino significativo y comprometido no responden a un error de diseño o un defecto existencial, sino que es parte inherente de la circunstancia humana. La eficacia de una relación no surge de la inexistencia de problemas sino de cómo se gestionan dichos problemas que, sin duda, aparecerán tarde o temprano y no por eso hay que desgarrarse las vestiduras.

El amor después del amor tiene sus delicias, siempre que se lo mire con ojos generosos que no “compren” el ideal banal que dice que solo lo nuevo y reluciente es generador de felicidad. Es el amor del deleite, del vino bueno, de la conversación serena y de los buenos recuerdos. Es el amor del compañerismo, de la pasión que sabe, de la aceptación de lo que existe sin que eso signifique claudicación….

El amor joven puede imaginar ese horizonte sin temor. Es una posibilidad tan cierta como la idea (hoy tan vendida) de que pueden pasar cosas negativas que terminen con el matrimonio.

Dicen los que saben que no solo hay que “ver para creer” sino que vale “creer para ver”. Creer que esa realidad, la del amor después del amor, es tan verdadera y factible como aquella que dice que “todo se termina en este mundo cruel”, generará que, llegado el momento, se la pueda ver traducida en actos de carne y hueso.

No es pueril pensar de esa manera, no es ingenuo, no oculta lo negativo ni la existencia de los desencuentros, los dolores y los desgarros.Simplemente no niega, tampoco, lo positivo que existe a la hora de imaginar un amor que siga un camino a lo largo de los años, cambiando de paisajes, pero no de protagonistas.

s leo.