EL AMOR

Amor y todas sus consecuencias. Nos enamoramos y el mundo es el mejor lugar del mundo mundial. Las flores que antes quizás no veíamos ahora de repente crecen a cada paso  y cada vez que nos damos la mano. El cielo es muy grande, ancho, azul limpio o negro salpicado de estrellas que vigilan nuestro andar. El amor y sus consecuencias. La gente parece mas buena, los temas mas interesantes, la piel brilla, el pelo baila, la sangre se alborota.

Adrenalina pura, fanatismo, ansiedad, ganas de estar juntos todo el tiempo, todas las horas, desear que el reloj no ande, que se quede fijo el tiempo en este beso. Nada molesta, nada incomoda, nos amoldamos en cuerpo y alma. Es fácil, es excitante, y entendemos finalmente el significado del verbo fluir.

El amor y sus consecuencias cuando la adrenalina empieza a aflojar, cuando el fanatismo se choca de frente con una cuota de realismo, cuando la ansiedad se mezcla con cansancio y el estar juntos no siempre es disfrute.

El amor cuando las cosas cambian. Cuando el otro deja de ser quien imaginamos para ser sólo un ser humano. El amor se complica cuando las reglas cambian, cuando empezamos a necesitar con todo derecho y ganas, cosas distintas, gestos que antes no extrañamos. Cambiamos, crecemos, evolucionamos y en esos cambios podemos necesitar cosas nuevas. No se trata de cambiar reglas para herir o molestar al otro, son éstas reglas las que ahora necesitamos para no morir nosotros. Se mezcla lo que queda de enamoramiento con el amor real que quiere entrar a jugar su papel que no siempre anda con flores. Porque el amor real, maduro, ese que puede sobrevivir sin tanta intensidad, necesita dos que no se asusten, que puedan verse cómo son, cuidarse en el cambio y amarse sin maquillajes. Para ése amor se necesitan fundamentalmente dos grandes amigos que a veces también, quieran ser amantes.  Difícil el cambio de intensidad por profundidad. Habrá amores con espalda para hacerle frente al nuevo juego. Habrá también amores exigentes que digan “No, no es esto”. Habrá también amores valientes que se animan a reconocer que la única forma de no morir es vivir renaciendo, reinventándose mutuamente en el paso del tiempo. Cada uno sabrá qué amor necesita, puede y disfruta. Porque el amor tiene siempre grandes consecuencias.