EL CORAZÓN DE LA PAREJA

Lic.Miguel Espeche

Todo puede funcionar bien, pero con eso no alcanza. Es que las cosas de la vida emocional de la pareja no solo “funcionan”

sino que requieren ceremonias del encuentro: momentos en los que el trajín cotidiano abre paso a una vivencia de comunión que le  de sentido a todo eso que se vive en relación a la pareja, sea ésta un noviazgo de poco tiempo o un matrimonio de años.

El día a día puede ser amable, las cosas cotidianas afinadas, los parientes llevarse bien (por ejemplo, armonía entre las familias de uno y otro miembro de la pareja), los hijos, el trabajo, la organización cotidiana….todo de maravillas, pero igual, dentro de ese trajín, amable o no, la intimidad de la pareja, el espacio inefable del encuentro, el silencio del medio ambiente para que emerja el corazón del vínculo, es imprescindible para que siga palpitando lo esencial, sin que sea devorado por la vida diaria.

Debemos recordar que somos partícipes de una sociedad industrial. No siempre la historia humana fue así. Digamos en ese sentido que, como buenos hijos de nuestra cultura, apostamos mucho al “funcionar” de la vida diaria, algo que es muy positivo e importante, pero que suele dejar de lado el alma del asunto.

Cumpleaños, plomeros que llegan a arreglar la cañería rota, la lista del supermercado, los hijos que van al club a jugar al fútbol, rugby o hockey, el pago del ABL, todo suma para que pensemos en el riesgo del perder ese rincón de cercanía emocional tanto de la pareja como de los miembros de la misma respecto de sí mismos: ese momento de encuentro esencial imprescindible que tanto bien hace al revitalizar las cosas.

Un ejemplo de ésta cuestión también es el preparativo del casamiento. El entusiasmo que despierta (con estrés incluído) el preparar la ceremonia, la fiesta y todo lo que rodea ese momento tan especial, no debería evitar que se sintonice con la cercanía emocional de la pareja. Ésto no significa que sea nocivo el fragor de un hacer en el que se pone pasión y entusiasmo, sino que es una
propuesta para que a dicha tarea se la complemente con un contacto con la esencia, cifrado en el encuentro, la charla, la intimidad y esos momentos en los que se ponen en juego los códigos internos de una pareja que es más, mucho más, que una sociedad mecánica que apuesta a un buen”funcionar”.

El corazón de la casa es la pareja. De allí se desprende la armonía de la familia, la felicidad de los hijos, y la vitalidad de la existencia de todos los miembros de esa organización amorosa que es el núcleo familiar.

Una escapada de fin de semana, un encuentro entre semana a almorzar en horario de trabajo, un quiebre de la rutina para conversar sin demasiado horario o, simplemente, apagar la televisión a la noche para sintonizar el canal del encuentro de la pareja, sin las presiones del medio ambiente, son acciones que rinden buenos frutos en todo sentido.

La cercanía emocional es el oxígeno de la pareja. Recordarlo es importante para que la vida cotidiana sea nutrida por el sentido profundo que habita en cada pareja que elige un destino común. Dicha cercanía se reverdece en ceremonias sencillas, que cada tanto viene bien realizar para refrescar votos que piden algo más que una buena mecánica de funcionamiento.

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“La cercania emocional es el oxígeno de la pareja”

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