ELSA SERRANO

PARA MÍ LA NOVIA SIN TUL, NO ES NOVIA

Por DOLORES VIDAL

Entrevistar a Elsa Serrano, la diseñadora emblemática de las décadas del 80 y 90, es un viaje fascinante sin tiempo, que te sorprende por la cantidad de nombres, historias y lugares que te invita a espiar.

Llegué puntual al encuentro, a las 3 de la tarde, y después de cinco minutos de llamar a la puerta, una señora me hizo pasar a la planta baja de un edificio clásico de la calle Pereyra Lucena, ubica- do en diagonal al Museo de Arte Decorativo. Me pidió que esperara unos minutos, sentada frente a maniquíes y diseños de alta costura, en un ambiente de pocos metros custodiado por un gran retrato de la diseñadora en blanco y negro. Después de una corta espera, apareció Elsa Serrano a cara lavada (realmente espléndida a sus 70 y pico de años) y con sus uñas impecables, recién hechas. Me saludó con su acento italiano inconfundible y despidió con afecto a la manicura, la persona que me había abierto la puerta diez minutos antes. Así, relajada y amigable, se dispuso a charlar sin filtros durante tres horas para Nubilis.

A esta altura de la nota, vale aclarar quién es Elsa Serrano, sobre todo a las millennials, que quizás ignoran que ella fue protagonista y testigo privilegiada de varias décadas de la moda argentina. Fue la diseñadora del poder y la farándula. Vistió a María Lorenza Barrenechea, la mujer del presidente Raúl Alfonsín, cuando volvió la democracia, y fue la asesora full time de Zulemita Menem, al convertirse en Primera Dama durante las presidencias de su padre.

También fue la autora del impactante vestido con un escote jugado de Norma Aleandro, cuando recibió el Oscar por la película La historia oficial, en el 86. “Ese escote marcó tendencia en Hollywood”, asegura ahora la diseñadora, cuya memoria se divierte con miles de anécdotas del pasado. Vistió durante décadas (y lo sigue haciendo) a Mirtha Legrand en sus famosos almuerzos. “Tenemos una relación de familia con los Legrand-Tinayre”, dice. Y recuerda con mucha nitidez momentos compartidos con sus “hijas postizas” —así las llama—: Gabriela Sabatini, Andrea del Boca y Lucía Galán, entre otras.

“La Tana”, como le dicen sus amigos, también tiene varios capítulos internacionales. Dice que su lugar en el mundo es Saint-Tropez. Que es muy amiga de los Bulgari y de Carla Fendi, y que admira profundamente a Pierre Cardin. Diseñó dos tailleurs para la reina Sofía de España (“una mujer muy dulce, que me dio consejos de crianza”) y vestidos para celebrities como Sofía Loren, Gina Lollobrigida y Joan Collins (protagonista de una serie famosa de los 80, Dinastía). “Viajó dos veces para comprarme ropa, le hice enteritos con género de leopardo que mostraban un poco el ombligo”, explica. El estampado animal print, los lunares y las capelinas fueron ítems del estilo Serrano en esa década.

La diseñadora cumplió cuarenta y dos años de trabajo en la moda. “Yo corto en for- ma intuitiva —aclara—. Nunca estudié corte”. Montó un imperio con su marido de entonces (padre de dos de sus hijas; ella tiene tres en total, y hoy también es abuela). “Yo perdí una empresa de 6 millones de dólares, que daba trabajo a más de 70 personas, y hasta demolieron el edificio, donde estaba mi atelier de la calle Mansilla —se lamenta—. Además, le tuve que pagar 500 mil dólares a mi ex en el divorcio para seguir usando el apellido Serrano. Estuvimos 22 años juntos. Él era muy capaz con los números”, apunta.

En las horas de charla, donde repasó vida privada y pública, trabajo y glam, mezcló sin prejuicios la política con la moda. Una Elsa Serrano auténtica. Hoy confiesa que su gran sueño es hacer una retrospectiva con todos sus vestidos en un museo de arte porteño. Ahora sí, la entrevista.

¿Cuál fue la novia ícono de tu estilo en la década del 80?

Teresita Garbesi, que era una modelo famosa en esa época. Le hice un vestido con 365 botones (uno por cada día del año), que marcó tendencia. Después lo copiaron todos. Era de raso de seda natural y también tenía hombreras, como se usaba entonces.

¿Y Susana? ¿Cómo fue la experiencia de diseñar su vestido de novia?
Muy divertida. Yo la vestía desde el 86 para su programa y ella se casó en el 88. Era el momen- to de auge de Susana. ¡Y ese vestido lo copió el país! Era de taftán y tenía un miriñaque y una enagua de encaje de Bruselas. Llevaba en el es- cote un broche de brillantes que le había regalado su suegra. Y también un ramo de azucenas, que Susana al principio no quería, pero la convencí de usarlo. Me acuerdo que estábamos todos antes de la fiesta en el último piso del Alvear. Incluso el novio, Roviralta, que me pareció una excelente persona, un señor muy educado. Recuerdo que a Susana le dolía muchísimo la cabeza. Nada le calmaba el dolor.

Hablemos de otro casamiento famosísimo de los 80. ¿Quién te convocó para hacerle el vestido a Claudia Maradona?

Me llamó Claudia desde Nápoles y me comentó que Diego quería hablar conmigo. Y entonces le pasó el teléfono a él y me dijo: “Tana, quiero que vos le hagas el vesti- do. Tenés que viajar para tomarle las medidas”. Ellos ya les habían consultado nada menos que a Gianfranco Ferré y Valentino, que fue en persona a Nápoles. ¡Y me eligieron a mí! Me mandaron el pasaje por Alitalia y yo viajé con muchas telas, sedas naturales en color marfil. Pero Diego se empecinó con que el vestido tenía que ser blanco; yo le expliqué que sólo las telas sintéticas eran de ese color. No hubo caso. Quería que el vestido fuera blanco, sin concesiones.

¿Y Claudia qué opinaba?

Claudia respetaba el deseo de Diego como palabra santa. Entonces le pedí auxilio a Francesco, un amigo mío italiano con empresa textil, que me contó que había mandado a Nueva York una partida de 100 metros de encaje blanco de puro algodón. La comunidad judía de esa ciudad, que es muy numerosa, se casa de color blanco óptico. Sobre todo, los más ortodoxos. Entonces me tomé un avión para rescatar la tela. Bueno, en realidad un par de aviones: Nápoles-Roma, Roma – Nueva York. El distribuidor estaba en la Quinta avenida y la 57, a pasos de Tiffany. Finalmente, la búsqueda valió la pena: logré conseguir 10 metros de ese encaje para el vestido de Claudia.

¿Y cómo siguió la historia?

El diseño era recto con manga larga y tenía una cola pavo real enorme, que la hice con organdí de seda natural y gajos de cuatro centímetros. Por el ancho de la cola tuvimos que correr los bancos del Santísimo [donde se hizo la ceremonia religiosa] para que pudiera pasar Claudia. Los curas renegaron bastante. Además, medía cuatro metros de largo, ¡impactante! Catorce costureras bordaron el vestido con perlas, canutillos y mostacillas. Pesaba ocho kilos. Los novios llegaron dos días antes del casamiento. Nosotros vestimos a todos los miembros de las familias Maradona – Villafañe. Le hicimos el jaquet a Diego, que se puso un chaleco de piqué. Y vestidos para todas: doña Tota, hermanas, cuñadas, sobrinas y hasta la madre del chofer de la Tota, que estaba invitada a la fiesta. Diego es un loco lindo, tiene alma. Yo tenía la infraestructura para responder a ese tremendo desafío.

Para muchos fue el casamiento del siglo, la boda de “Dios”, con una fiesta multitudinaria en el Luna Park. ¿Qué otros detalles recordás?

Vino un estilista de Italia para peinar a Claudia. Ricciardi le hizo una corona de diamantes y perlas engarzadas en oro blanco. Costó 4 millones de dólares. Diego la quería como una inversión, como dote para sus hijas. Después del casamiento, se desarmó la corona y se guardaron las piedras en una caja fuerte. Lamentablemente, se las robaron en Nápoles

¿No te llamaron para el casamiento de Dalma?

No. Me la encontré a Dalma y me dijo que no le entraba el traje de novia de la madre. Nada que ver. Claudia estaba muy flaquita cuando se casó con Diego.

¿A qué personaje famoso te hubiera gustado diseñarle el vestido de novia?

A Carolina de Mónaco. Me encanta, no se tocó la cara, nada. Y sigue siendo elegan- te, espléndida con sus arrugas al natural. Nada que ver con su hermana Stephanie.

Ahora muchas actrices y empresarias tienen consejeros de moda. ¿A quién te gustaría asesorar?

Me gusta mucho Leticia Brédice. Le he hecho ropa. Tiene mucha personalidad. También me encantan Natalia Oreiro y Celeste Cid, sobre todo cuando tenía el pelo cortito. A mí lo que más me inspira es la personalidad de una mujer. Me interesa la gente segura, decidida, con actitud. Me aburren las indecisas, que dan vueltas y están horas sin saber qué ponerse.

¿Qué te parece el look de Juliana Awada?

Bien. No te diría 10 puntos, sino 9.

¿Por qué?

En la Gala del Colón, el día que asumió Mauricio Macri, Juliana tenía un vestido divino, pero con una abertura en el medio de la falda que, protocolarmente, no está bien. ¡Es la Primera Dama! Yo le hubiera hecho un tajo de costado, más discreto. Pero me encanta su look, sobre todo cuando está de sport. Cuando usa camisas y jeans y chatitas. Es monísima con el pelo atado, tiene una piel espectacular. A mí me hace acordar mucho a Zulemita, tiene un estilo físico parecido. De hecho, la madre de Juliana, Pomi, es prima de Zulema Yoma.

¿La Primera Dama debe ser embajadora del diseño argentino?

En un 70 por ciento, sí. Pero tampoco debe estar tan atada a las marcas argentinas.

¿Y a María Eugenia Vidal te gustaría aconsejarla?

Sí. No viste mal. Tiene un look sencillo, es el papel que debe tener en el conurbano. Yo le sumaría algunos tailleurs a su guardarropa, para armarla un poco más.

¿Qué te pareció el look de Cristina durante su presidencia? Ahora está más sencilla.

Uy… ¿Sabés que adoptó las perlas por un consejo mío? Cuando ella era presidente, me hicieron una entrevista para el diario La Nación para opinar sobre su look y yo le sugerí quitarse las numerosas cadenitas de oro que llevaba, ¡hasta en el tobillo! y reemplazarlas por unos aros o un collar de perlas de una sola vuelta. Algo clásico y elegante. Pero me interpretó mal: se compró todas las perlas del mundo y de todos los colores [se ríe].

¿Cómo ves el diseño argentino contemporáneo?

Mal, te tengo que decir la verdad. No hay industria textil ni mano de obra; las buenas costureras envejecen. Yo, hasta el día de hoy, me quedo cosiendo hasta las 4 o 5 de la mañana. Hago todas las terminaciones a mano, porque ya no tengo quién me las haga. ¿Un ejemplo de la situación? Mis últimos sastres se retiraron a los 84 años. Por suerte me quedó un discípulo de ellos; si no, me muero.

Además, no hay materia prima, no conseguís buenos géneros. Y lo que se trae de afuera tampoco tiene la calidad de otras épocas. [Se levanta del sillón y me muestra un maniquí con un vestido largo que tiene un género a lunares blanco y negro.] Mirá, éste es un género de Valentino, doble faz, que estoy armando para una Gala del Colón del mes de marzo.

¿Qué diseñador argentino te gusta?

Admiro a Gabriel Lage. Me encantó el vestido que le hizo a Juliana para la gala junto a los reyes de España en el Palacio Real.

¿Cómo es tu propuesta para novias?

Yo soy muy net ahora, ya no soy ochentosa. La novia tiene que estar clásica, elegante, con poca ornamentación. No debe estar escotada. ¿Géneros? En verano, satín de seda natural. En invierno, brocato de seda. Me encantan las capas de gasa. Quiero que el movimiento dibuje el volumen. Y adoro las joyas antiguas para completar el look.

¿Qué detalles no pueden faltar?

El tul. Para mí, la novia sin tul no es novia. Y, por supuesto, el ramo, que debe ser de color marfil, tipo bouquet. Si la novia es católica, también me encantan los rosarios decorados con un pañuelo de encaje antiguo.

¿Qué vestido célebre de la historia de la moda te inspira?

El vestido de Carolyn Bessette, la novia de John Kennedy Junior. Minimalista, distinguido, muy años 90. Yo estoy en esa onda.

¿Y para el Civil?

Me gustan mucho los tonos pastel y también el color marfil. Yo propongo el vestido Jackie con tapado o chaquetita. No falla nunca.

¿Con cuánta anticipación tiene que llamarte una novia?

Antes con un año de anticipación, ahora no tiene sentido. Me llama hoy y ya agendo la fe- cha y le digo que se vuelva a comunicar 60 días antes del casamiento. Es tiempo suficiente, no hay que aburrirse con tantas pruebas. Además, cuando cambia la temporada, cambia todo.

¿Cuál década te gustó más en términos de estilo?

En los 80 había demasiado volumen, demasiada hombrera, demasiado todo. Me gustaron más los 90. [Muestra un álbum con fotos de sus desfiles, de las novias y chicas de 15 que vistió durante décadas.] Acá hay imágenes de familias enteras de empresarios: los Bagó, los Triaca… Modelos: Ethel Brero, Teresa Garbesi, Florencia Florio, Carolina Peleritti, Mariana Arias, Daniela Car- done, Florencia Raggi… Personalidades como Eleonora Cassano, Gabriela Sabatini, Pinky, la Borges… Era una alegría. Toda la gente que pasó por lo de Elsa Serrano.