ENAMORADOS

Por Celeste Harriague

En el cierre editorial de nuestra edición de Mayo 2013, llego un correo electrónico a la redacción, uno entre miles que llegan por estos días. Era de Martin, un novio profundamente enamorado que quería sorprender a Julieta, su novia, con el relato de su historia de amor. Por primera vez, él cuenta cada detalle de sus vidas y se los presenta en NUBILIS.

Todo empezó en 1997 cuando cursaba mi segundo año de facultad. Recuerdo aquella tarde gris de invierno cuando la vi por primera vez. Ella recorría los pasillos de la universidad, concurridos de gente que se abrían a su paso, y si bien, tenía toda la impresión que venía hacia mí continuo con su andar sereno y seguro hasta perderse de vista. Su marcha me dejó atónito, paralizado, sin ninguna posibilidad de decir ni siquiera una palabra. Pasaron días, semanas, meses y años sin volver a verla. Aquel amor a primera vista, transformado luego en obsesión, con el tiempo se fue apagando; hasta que una noche, ambos ya graduados, la encontré en un boliche. Lo único que pude conseguir, por ayuda de sus amigas, fue su teléfono. Y ahí empezó el trabajo fino, con el correr de los meses y varios encuentros, esta relación que se había iniciado causalmente se fue afianzando, hasta provocar su efecto: el noviazgo.

En principio, las emociones se exacerbaban, el sentido idealista que la caracterizaba provocaba la sensación de estar viviendo el gran amor de mi vida y tuve la convicción de estar con la persona correcta para una relación más formal como es el matrimonio.

Y así fue como aproveché la invitación de un casamiento al exterior con un único propósito: el compromiso con Julieta. Una cena bajo las estrellas fue donde le ofrecí mi promesa de amor eterno.

Luego de planificar y organizar la fiesta, llego el ansiado día. Uno de los momentos más memorables, quizá el más soñado para mí fue ver a Julieta, hoy mi esposa, ingresar a la iglesia. Como describir el bagaje de sentimientos que me invadieron en ese entonces, me temblaban las piernas, las pulsaciones se incrementaban de tal manera que parecía que mi corazón iba a explotar, y ella allí, con su bello vestido natural, sobrio y sencillo, ingresando hacia el altar junto a su padre, mientras de fondo se oía el Ave María. Traté de contenerme pero fue inevitable emocionarme ante esa situación.

El festejo fue en el Hotel & Wine Spa Patios de Cafayate [Bodega El Esteco] al mediodía y se llevó a cabo en la antigua casona colonial adyacente a la bodega, lugar que invita a disfrutar de la paz y la tranquilidad.

Al finalizar, el espectáculo de fuegos artificiales brindó un marco maravilloso porque se hicieron detonar en el momento exacto en el que el sol se acerca al horizonte y empieza a esconderse detrás de los coloridos valles y viñedos. Sin duda, fue un día largo y de muchas emociones compartidas.

Julieta, mi amor, gracias por permitirme soñar a tu lado…

Fotos: Martín Sedacca –

Destination Wedding Photographer

www.msedacca.com

Fotos: Martín Sedacca