HERNÁN FRAGNIER

El gran observador

Por Valentina Caffaratti

Cuando apenas transitaba sus trece años, Hernán Fragnier tenía muy claro que su vocación estaba ligada al diseño de moda. Su madre, viendo la habilidad que su hijo tenía con la costura y el dibujo, le acercó sus bocetos al modisto italiano radicado en Buenos Aires, Jack Dorian, quien aceptó tomarlo como aprendiz. Lo que Dorian desconocía, era su corta edad. “Questo è un bambino” exclamó desde lo alto de la escalera del petit hotel donde trabajaba. “Ese fue realmente un quiebre en mi vida para determinar que era diseñador lo que yo quería ser”, cuenta Fragnier.

Trabajó durante años junto a Dorian, a quien admiraba profundamente, aprendiendo todos los secretos de la costura, luego pasó por Greta, la modista italiana Rosina y Sylvie Burstin.

Hoy, ya pasaron treinta años desde que Fragnier presentó su primera colección de Alta Costura. El largo camino de su experiencia está plagado de desfiles, anécdotas y momentos de calidad junto a las clientas que tanto ama.

¿Cómo fue tu primera novia?

Recuerdo que yo tenía dieciséis años cuando una joven vino a pedirme un vestido de novia. Para mí era totalmente natural diseñar y coser a esa edad, pero para la mamá de la novia se ve que no. ¡Deberías haber visto su cara! No lo podía creer. Mientras yo cortaba, con muchísima seguridad, el vestido sobre el cuerpo de su hija, sentía a mis espaldas su mirada atenta. Cuando terminé, esta mujer paquetísima, me miró y me dijo: “¿Usted me haría el vestido de madrina?”. Y esas fueron mi primera novia y madrina. Luego vestí a su mejor amiga, a la madre, a la consuegra y a la hermana del novio. Y ahí no paré más

¿En qué cambiaron las novias de ahora de las de antes?

Hace unos años venía una novia que, por ejemplo, me decía: “Me gustó el vestido de Lady Di”. Entonces yo no le hacía una réplica, pero le diseñaba un vestido de estilo romántico con una gran falda proporcionado a su altura, personalidad, a la iglesia donde se iba a casar y a la fiesta que iba a realizar. Le daba “el gusto” de hacerle algo del estilo. Hoy es diferente, con Internet investigan y vienen con una noción muy marcada de lo que quieren. Todas me repiten hasta el cansancio el mismo tipo de vestido, muy del estilo Kate Middleton, que a mí no transmite nada. Me parece insulsa. Me aburre.

Y en esos casos ¿Qué haces?

Hago mi contrapropuesta, les digo “yo cambiaría esto por esto” o “destacaría más esto”. Y, por suerte, el 90% de las chicas se deja asesorar. Y las que no, las ayudo a que no se equivoquen. Si sé que algo les va a quedar mal, me parece poco honesto de mi parte hacerles un vestido que no es para ellas.

¿Cómo es el proceso desde que una novia viene a verte?

Hago varias entrevistas, pero no pruebo veinte veces el vestido porque si está bien cortado desde el principio no es necesario estar manoseándolo tanto. Pero sí hago las pruebas suficientes para que la novia sepa qué vestido va a usar.

Además, yo siempre voy a las ceremonias, donde sea que se case, desde Ushuaia hasta Jujuy. Agarro mi valijita y voy a vestirla para garantizarle que va a estar perfecta. Yo tengo que estar pendiente hasta último momento, por si falla algo. ¡Hasta he peinado a una novia porque el peluquero la dejó plantada!

Acompañás a tus clientas incluso en su gran día…

Es que yo quiero dejarlas tranquilas, porque para eso recurren a un profesional. A veces, voy con ellas a comprar los zapatos, a la peluquería o a elegir el soutien. ¿Por qué no las ayudaría? No se me caen los anillos. La realidad es que debo lograr que la novia esté tranquila, mantener todo bajo control.

¿Crees que por eso tus clientas son tan fieles?

Pasa que si hay algo en lo que nunca me equivoqué es en atender a mis clientas. Para mi cada una de ellas es única. Yo trabajo con ella desde que viene a la primera entrevista, hasta que voy a vestirla a la casa. Del principio al final. Saben que me encuentran a mí para cada prueba. Entonces el trabajo es diferente, se hace más personal.

¿Cuál fue el vestido que más te gusto diseñar?

La verdad no hay uno solo. Cada vez que me pongo a pensar en el vestido para una nueva clienta se convierte en el más importante. Cada una es única. Necesito que, con su personalidad, que seguro es distinta a todas las demás, tenga SU vestido. Por eso la analizo, escucho lo que dice, cómo lo dice, su risa, su postura y cómo camina. Soy muy observador del lenguaje corporal y de la energía. Cada persona que se me presenta me genera las mismas ganas. Un nuevo desafío.

“¿Los grandes NO de un vestido de novia? Los escotes fuera de lugar, sin duda. En una ceremonia como la del casamiento no hay que mostrar más de la cuenta porque no es el momento.”