IRMA ALBA BUZ

EL ALMA EN CADA PUNTO

Por Dolores Vidal · Photos: Pablo Arbetman

Desde hace 60 años Irma Alba Buz es bordadora de profesión, un oficio que es todo un arte y que está en camino a desaparecer. Ella conoce todos sus secretos y los revela en cada vestido de novia, donde pone su sello exquisito. Una maestra de la aguja, orgullosa madre y abuela, que no desiste de su pasión.

Dice que lleva el ritmo del bordado en el cuerpo. Su marido se lo comenta cuando la ve, una vez más, empecinada frente a la máquina de bordar moviendo la cabeza en sintonía con el bastidor. Es que Irma Alba Buz encontró en el bordado un destino, un disfrute y toda una vida. Así lo cuenta:

“Empecé a bordar a los 12 años en la Escuela Técnica Profesional para Mujeres, que estaba en San Carlos Centro, provincia de Santa Fe, donde yo vivía. Hice un curso de tres años de bordado a máquina a pedal; me clavé varias veces las agujas en el intento, no era fácil. Había que coordinar el pedaleo con el movimiento del bastidor. Me recibí en 1958 junto a otras dos compañeras”.

¿Y por qué el bordado y no otro oficio?
Es que no había otra cosa para estudiar en San Carlos. Y ahora esa escuela ya no existe más, ya nadie estudia bordado. Ahora están las máquinas industriales. Se perdió el detalle artesanal.

La historia de Irma es tan sencilla como grandiosa. Ella tiene el encanto de la gente que adora lo que hace, aunque no tuvo muchas opciones para elegir. Pero logró enamorarse con toda su alma de esa única oportunidad de estudio que había en su pueblo. Y así, como dice Antonio Machado, hizo camino al andar.
“En 1966 me casé y me fui a vivir a San Nicolás. Cuando las mujeres del lugar conocieron mis trabajos, empecé a bordar vestidos de novia, después de madrina, de 15, de Primera Comunión… No paré tuve mucho éxito: era la única en San Nicolás que bordaba a máquina. Yo me despertaba a las 5 y media de la mañana y bordaba hasta la noche”, cuenta.
Y más allá de la técnica, ¿qué se necesita para bordar?
Vista, paciencia y sentir pasión. A mí aún me apasiona. Pero tengo que parar: la postura es terrible. Hace rato que el médico me dice que debo cuidar mis cervicales.
Hoy los bordados están de moda. Son tendencia en la ropa y también en zapatos y carteras. Pero la mayoría están hechos por una máquina industrial. El bordado artesanal, en cambio, es un arte decorativo que está en vías de extinción. Sólo resiste heroico en el universo de la alta costura y los vestidos de novias.

¿Cuál fue tu aporte en la última colección de tu hija, la diseñadora Mónica Carraro?
Le bordé cuatro vestidos. Yo ya había cerrado la máquina, pero me tenté y Mónica me insistió. Trabajé con distintos puntos. Hay un vestido rosa en hilacha con hilo de seda. Otro con calado Richelieu en la espalda y en la parte delantera. A otro le hice unas flores que ella después las aplicó sobre el vestido. Mónica es muy detallista, es un orgullo verla. Ahora sólo trabajo para mi hija. Yo le bordé el vestido cuando se casó hace 10 años, y dije que era el último traje que hacía, pero después vino el de mi sobrina y más tarde, el de mi nuera. Ella me pidió un corset todo bordado y una guarda de 10 centímetros; estuve 6 meses dedicada a ese modelo.

Irma había llegado a la entrevista con una carpeta en la mano, que parece un álbum de fotos; en sus páginas ya amarillentas hay recortes delicados de cada uno de los estilos de bordados y dibujos naïf. “Es el examen que rendí, mi trabajo final para recibirme, por eso tiene calificaciones”, explica. Un verdadero tesoro que muestra minuciosamente cada punto. Todo un legado que merece su lugar de exhibición en algún museo que narre la historia de la moda.

¿Qué detalles se perdieron con el paso del tiempo?
Antes se preparaba el ajuar para la novia. Yo hice muchísimos. Llevaban un mantel de hilo con calado y realce, sábanas, toallas, camisones, batas… Todo con algún dibujo bordado o con las iniciales de los que se casaban. Además, se incluían dos manteles de color y repasadores, uno para cada día de la semana, también bordados con dibujos de frutas y verduras. Esas cosas ya no se hacen más.
Un arte casi tan antiguo como las primeras civilizaciones. Hoy resiste gracias a mujeres como Irma que dejan sus huellas en tramas tan diminutas como perfectas. Un lujo eterno.

LAS MIL Y UNA FORMAS

Algunos ejemplos de bordados:

Vainilla: Se hace a mano. Se extraen hilos y luego se rematan formando preciados calados.
Richelieu: tiene calado. Se hace una bastilla con puntada pequeña en el contorno del dibujo, después se recorta y festonea por partes para que el motivo no se deforme.
Hilacha: Antes se hacía con el deshilado de la misma tela. De ahí le quedó el nombre. Ahora se puede hacer también con lana o con un hilo diferente al género base.
Duquesa: Es un bordado sobre tul, que se decora con pequeños elementos decorativos.
Encaje inglés: Es calado y tiene varetas.
Gobelino: Es el punto cruz realizado a máquina.
Bordado chino: Tiene realce y se realiza con distintos colores en degradé.