Maqui & Sebas

La diseñadora Claudia Oyhandy cuenta cómo vivió el desafío de hacerle el vestido de novia a su hija más chica, Macarena.

Desde la elección del género, pasando por el bordado a mano, hasta la última prueba en tiempo límite. Momentos entrañables disfrutados con la complicidad única del amor incondicional. La historia íntima en primera persona.

Todo empezó con un viaje imprevisto y un gran anuncio para toda la familia. “Maqui y Sebas se casaron por Civil en Los Ángeles, donde vivieron durante un tiempo, después se mudaron a Vancouver. Pero quisieron organizar una fiesta en la Argentina con sus amigos y toda la familia. Nos avisaron ocho meses antes, viajaron especialmente para contarnos, y volvieron sólo una semana antes del casamiento, que fue en diciembre. El papá de Maqui y yo quedamos encargados de los preparativos. Pero ellos son súper organizados y muchas cosas las resolvieron vía online. Hoy, gracias a las comunicaciones, la distancia es más llevadera. Aunque falta el abrazo… Nosotros somos muy expresivos”, describe Claudia todavía emocionada (y agradecida) por cada instante vivido.

Un diseño que se vuelve real

“El vestido se resolvió esa semana cuando nos dieron la noticia. Yo le dije a Maqui que la secuestraba por un día para encerrarnos en el estudio las dos solas. Fue un momento tan especial. Pusimos música, tomamos té; una bebida que es sello de familia. Comimos cosas ricas. Yo saqué todos los géneros que tengo guardados. Un stock impresionante que traigo de afuera. Empecé a probarle distintas opciones, la tela hay que verla en la cara. Maqui es una chica muy segura, así que rápidamente me dijo cuál quería. La medí e hicimos un maniquí con sus medidas exactas para seguir el proceso cuando ella estuviera en Canadá. Yo armo los vestidos sobre el cuerpo. Es la técnica que se llama moulage, modelar sobre el maniquí, sobre el cuerpo, así se trabaja en alta costura. Después clausuré uno de mis talleres y les pedí que se dedicaran a pleno a su vestido. Llegó una semana antes del casamiento. De Ezeiza directamente al estudio para probarse y le calzó perfecto. Le quedó pintado. No había mucho tiempo para hacer modificaciones. Estábamos al límite del tiempo”.

“¿Mi mayor desafío? Escucharla decir que era el vestido de sus sueños. Ese fue el ruido que tuve todo el tiempo durante el proceso de hacer el diseño. Hasta que no bajó del avión y se lo probó y vi su cara de felicidad; yo no respiré. Fue tan emocionante ese momento. Íntimo; entrañable es la palabra exacta”.

“Todas las terminaciones del vestido están hechas por mis propias manos. Estuve meses recortando hojita por hojita del género, que después fui bordando una por una. No tengo palabras para explicar la satisfacción que sentí al hacerlo. Fui muy feliz”.

El color de los sueños

“El vestido era off white, yo no trabajo blanco óptico, y a ella tampoco le gusta. Quedó romántico, con un concepto minimalista y materiales muy ricos. Tenía una base en crepe de seda natural, bastante escotado con un bretel finito. Y arriba llevaba un tul bordado con hilo de seda natural y un dibujo de hojas realmente increíble.

Todas las terminaciones están hechas por mis propias manos. Estuve meses recortando hojita por hojita del género, que después fui bordando una por una. No tengo palabras para explicar la satisfacción que sentí al hacerlo. Fui muy feliz”. Maqui usó ramo y tocado diseñados por Sole de Don Ramón. Y el make-up de Josefina Castro Videla.

El Catering

“Maqui es chef, cocina espectacular, así que la degustación la hicimos tres días antes del casamiento. Los esperamos a ellos. El catering fue de Pablo Massey, lo súper recomiendo, maravilloso, comimos como los dioses.  La fiesta fue en El Abierto, que es de Massey, queda en Saavedra y está muy bueno. Nos encantó”.

Los ritos son necesarios

“Fue una ceremonia armada por ellos. Maqui entró del brazo de su padre. Les hablaron sus mejores amigos y también los hermanos. Hubo intercambio de anillos. Fue una ceremonia muy sentida. Yo lloré mucho; tenía una emoción muy profunda. Hace meses que se me venía moviendo el piso; que se te case una hija es una movida fuerte. Si bien ellos desde hace siete años que conviven, creo que los rituales colocan a la pareja en otro lugar. Le dijeron a toda su gente que estaban comprometidos. Fue un festejo de familia y amigos; no más de 180 personas. Estábamos todos los que teníamos que estar. Fue fantástico. Se vivió un clima intensamente íntimo”.

Lagrimones de felicidad

“Yo tenía miedo de que volara muy rápido esa noche, la fiesta, sin poder disfrutarla. Pero no, disfruté cada momento. Y ya sé lo que me espera cuando se casen Coty (35) y Matías (32). Yo, en mi trabajo, siento que tengo el control. Sé cómo guiar a mis clientes. Pero cuando el vestido es para tu hija, ya no tenés el control absoluto. Sentía una enorme responsabilidad, porque es mi Bebé (se ríe). Estás en carne viva. Se juegan todos tus sentimientos de mamá”.

Conocé más sobre la diseñadora en Instagram @claudia.oyhandy

Por DOLORES VIDAL