MARÍA Y GABRIEL

María Verónica Bagattini y Gabriel Blanco Devegili se casaron hace cinco años, el 16 de noviembre de 2013. Hoy festejan con mucha alegría esta alianza plena y eterna y se preparan para recibir en mayo a su tercer hijo. La historia de un amor con toda la esperanza de una vida compartida.

“Sigo y seguiré tomándote de la mano”, es la frase que Gabriel le dice a Verónica en los momentos más importantes de su historia en común. Así lo hizo por primera vez cuando se pusieron de novios, después de tomar algo y charlar durante tres horas seguidas. Había tanto para contar, compartir, revelar de cada uno y de los distintos capítulos de sus vidas. Fue uno de esos momentos mágicos que suceden sólo en los encuentros trascendentes, en donde uno se asoma al alma del otro sin querer hacer ruido, para que nada pueda espantar esa bendita confianza recién estrenada. Un milagro que pasa, como un rayo iluminado, y nos despierta para siempre.

“Fue muy especial el día en que nos pusimos de novios, cuando se lo propuse, Vero aceptó rápidamente, pero con ciertas aclaraciones: no había posibilidad de convivencia previa a un posible matrimonio. Me encantaba escucharla, observarla: serena, sobria y sus movimientos tan delicados. Sentí que todo era mágico con ella, salimos a caminar y le tomé la mano. Me pareció que dudaba pero, cuando nos despedimos, me sonrió con mucha ternura. Ese gesto, su expresión única al sonreírme, me quedó grabado hasta hoy”, cuenta con mucha emoción Gab (así lo llaman), mientras bucea en su memoria otras páginas esenciales de su amor, como el primer encuentro virtual por Facebook, donde debatieron sobre cuestiones de bioética, y también el primer cruce real (cara a cara), cuando se animó a verla sin el escudo de una pantalla.

“Yo aproveché que su hermano celebraba su primera misa en la parroquia San Nicolás de Bari, donde yo siempre iba. Le envié un mensaje diciendo que allí nos veríamos y que yo me iba a encargar de ubicarla, porque mis fotos de Face estaban desactualizadas: que ahora tenía el pelo largo y me había vuelto horrible. No me respondió y fui igual. Al finalizar la misa, aparecí en las escaleras de la Iglesia y la noté muy sorprendida. Luego de conversar, aceptó que saliéramos algún día a tomar algo. Con el tiempo, me confesó que le dijo a sus amigas: ‘Tiene el pelo largo, pero no es horrible’. Y luego de ese encuentro en noviembre de 2009, cuatro años más tarde, en noviembre de 2013, nos casábamos”, agrega Gab con la alegría intacta de ese comienzo enamorado de futuro.

“El casamiento fue emocionante. Nunca olvidaré las voces del coro entonando Pompa y Circunstancia, cuando se abrieron las puertas de la Iglesia, y allí estaba Vero, preciosa y encantadora, vestida de un blanco impecable. La vi avanzar y quedé fascinado. Era el punto de partida de nuestras vidas: ella tenía 32 y yo 44. Hoy, en este nuevo noviembre, nos acompañan dos preciosos hijos y un tercero/a que viene en camino. Y quiero decirle lo que le dije el día en que nos pusimos de novios: ´Sigo y seguiré tomándote de la mano y ya no te soltaré más’. ¡No sé cómo podría vivir sin el entusiasmo que me transmite todos los días! Soy muy feliz”.

Por DOLORES VIDAL