MATÍAS MUÑOZ

Vivir en pareja es una enorme oportunidad de crecimiento

Entrevista al psicólogo Matías Muñoz, terapeuta familiar y de pareja, con más de 20 años de entrenamiento para abordar las complejidades del ser humano. Tiene una enorme virtud, más allá de sus títulos y su reconocida experiencia: transmite muchísima paz. Sus palabras llenan de contenido la vida en común y proponen el desafío de construir un vínculo profundo y sanador en un mundo cada vez más individualista. Opina que el amor de pareja es “lealtad al proyecto que tenemos juntos” y recomienda dedicar tiempo real y mental a la relación. 

¿Cómo están hoy los vínculos de pareja?

Hay una realidad nueva, que está llegando al consultorio, y son las parejas jóvenes que entran en crisis después de la llegada del primer hijo. Tienen dificultades para sostener la relación. Hay hoy una tendencia a pensar más en uno mismo que en el amor de a dos, a pensar más en los propios intereses que en los del vínculo.

¿Qué condimentos necesita una buena relación?

Una pareja para sostenerse necesita energía, tiempo, cuidado. Hay que dedicarse a la relación de pareja, porque lo que uno no cuida, queda igual o se deteriora. En principio, lo que uno ve hoy, es que la pareja pierde frente a ciertos intereses: la crianza de hijos, que lleva muchísimo tiempo; las capacitaciones laborales y los grupos de amigos, que en las parejas más jóvenes son muy importantes. Se pone mucha energía ahí y, a veces, la pareja entonces queda en cuarto lugar en el orden de prioridades.

¿Cómo influye la llegada del primer hijo?

Es un cimbronazo, hay una nueva relación de tres y hay que acomodarse. Hoy, además, tanto el hombre como la mujer tienen muchas exigencias laborales. Pero es importante entender que la pareja es un vínculo que requiere tiempo. Después, otra cuestión es el proceso, la transformación del enamoramiento en un amor más profundo. Hay que ver en qué momento la pareja decidió casarse. Porque el enamoramiento es una etapa de gran ilusión, donde se idealiza mucho al otro. Veo al otro no como es, sino con la imagen que quiero verlo.

¿De qué manera se debe transitar ese camino inevitable del enamoramiento al amor más lúcido?

En general, después de una desilusión, empieza ese camino que fortalece mucho a la pareja. Veo que el otro no es un superhéroe ni perfecto ni ideal. Muchas veces esto ocurre cuando empieza la convivencia o con la llegada del primer hijo. El tema es que en la etapa del enamoramiento se tiende a buscar lo que a uno le falta. Entonces, por ejemplo, si yo soy muy tranquilo, me enamoro de una mujer muy activa. Y tal vez, después de cierto tiempo en común, tanta actividad me empieza a molestar. Pasa.

Y entonces, ¿cómo sigue la historia? 

Sigue en la construcción de un amor más profundo. Y hay que aprender a equilibrar los tantos. Porque los hijos, el trabajo, los amigos también son importantes. De hecho, las parejas que funcionan mejor son las que los dos se sienten realizados en lo personal. Si uno está muy frustrado, le va a pedir al vínculo demasiado. Mi pareja me tiene que dar la felicidad que yo no obtengo en ningún lado. Eso es agotador para cualquiera. Entonces hay que buscar el equilibrio entre todos los intereses y deseos personales. Pero, repito, la relación de pareja necesita que se le dedique tiempo.

¿Es clave programar salidas de a dos?

Sí. Lo importante es dedicarle tiempo real: salir al cine una vez por semana, por ejemplo. Pero también es clave el tiempo mental, la posibilidad de pensar en la relación: qué puedo hacer para que estemos bien juntos, qué cuestiones dependen de mí. Todo lo que pasa en una pareja es de a dos.

¿Al varón le cuesta más pensar y hablar sobre el vínculo de pareja?

Sí, en general, el termómetro emocional es la mujer. Está más habilitada a conectarse con los sentimientos, mirar los vínculos humanos, trabajar las emociones. Ahora cuando el varón se encarga también del vínculo, la mujer está más tranquila afectivamente.

¿Cuáles son las condiciones para que una pareja tenga un buen pronóstico de futuro en común?

Los proyectos son importantes. Unen mucho; un mini plan o un gran proyecto. Desde decidir casarse, tener un hijo, programar un viaje o hasta salir a andar juntos en bicicleta. La empatía es otro condimento clave. Es decir, la conexión con los sentimientos del otro que llevan al apego. ¿Qué es el apego? Sentir que soy aceptado y cuidado en esa relación. Las parejas que tienen muchas actitudes de apego están más preparadas para enfrentar las crisis, porque existe diálogo emocional. Muchos malestares en la pareja se producen porque hay una desconexión afectiva.

Cuando la desconexión se instala, ¿qué pasa en la convivencia?

Las conversaciones empiezan a ser sólo operativas. De los hijos, los boletines, los horarios, la plata… Pero no se miran a los ojos ni hablan de sentimientos y entonces, se transforman en parejas volcadas a la organización del hogar y así puede llegar una crisis fuerte. Porque uno de los dos va a sentirse “no mirado”: muchos reclamos aparecen porque uno se no siente registrado por el otro. Atrás de las peleas, los gritos y los portazos, muchas veces hay un reclamo de atención afectiva. Para no mostrarme vulnerable, recurro a los gritos. “Mirame, necesito que me mires”, ése es el pedido real.

¿Cómo se evita caer en una dinámica de distancia? Las obligaciones y las múltiples exigencias no ayudan.

Tiene que haber experiencias de conexión. Intimidad sexual, una linda charla durante la comida, los momentos de encuentro… Lo más difícil de regular en una pareja es la distancia y la cercanía. Cuando hay conexión, los momentos de distancia se toleran mejor. Cada uno lo va a manejar distinto, de acuerdo a los modelos que tuvo en la infancia. Pero lo mejor es que los dos sean flexibles y tengan la capacidad de acercarse al otro. Que no sea siempre la misma persona la que busca el encuentro. Tiene que haber un equilibrio entre el dar y el tomar.

¿Cómo se vive el fin de la luna de miel y la vuelta a la rutina laboral? ¿Está bueno hablar de las expectativas que cada uno tiene?

Sí, es muy bueno hablar de los deseos, los miedos, las ilusiones. Las expectativas con respecto a los hijos, por ejemplo, cuándo tenerlos. También es clave definir temas de la economía en común. ¿Qué vamos a hacer con nuestros ingresos? ¿Cómo vamos a administrarlos? Es un ámbito compartido; hay que hablar y acordar.

¿En qué nos desafía como personas la construcción de un amor profundo?

La diferencia siempre nos desafía. El vínculo de pareja nos ayuda mucho a crecer. Es convivir con alguien muy distinto a mí. Y donde está la tensión, está el crecimiento. No hay pareja real sin tensiones. Vivir en pareja es una enorme oportunidad de aprendizaje y trascendencia. Es uno de los pocos vínculos en los que uno se puede mostrar vulnerable y sentirse aceptado. Cuando esto se logra, es maravilloso. El amor siempre sana.

“Hay que dedicarse a la relación de pareja, porque lo que uno no cuida, queda igual o se deteriora”.