PABLO RAMIREZ

“Intento ser lo más coherente posible y no traicionarme nunca”

Por VALENTINA CAFFARATTI

Cuando vivía en Navarro, su ciudad natal, fantaseaba con la idea de ser anónimo en Buenos Aires. Pero hace dieciocho años, curiosamente, lanzó una marca con su nombre: Pablo Ramírez. Hoy es sinónimo de simpleza y pulcritud. Él mismo se define como un diseñador que trabaja para realzar la belleza de sus clientas sin recurrir a adornos y estridencias.

Amante de la sugestión por sobre la desnudez, elije el negro como el color de todas sus colecciones. Admite que no quiere llamar la atención y, si bien disfruta de ver a clientas vestidas de pies a cabeza por su firma, le interesa más que la gente adapte sus prendas. Que las incorpore. “Me encanta la idea de que alguien que busca un buen pantalón negro o una buena camisa blanca piense en mí y la use como quiera usarla. Con su lenguaje, con su historia”.

A la hora de diseñar para una novia asegura que lo más importante es garantizar que el vestido le siente bien y, sobre todo, que la identifique. “Me gusta que se miren al espejo y no sientan que están disfrazadas de algo que no son”, afirma. Luego de quince años, dejó su tradicional local de San Telmo para instalarse en Recoleta (Ayacucho 1984). “Me costó soltar el lugar. Para mí San Telmo era una proclama, pero entendí que se había terminado un ciclo. Cumplimos dieciocho años, ya la marca era mayor de edad”, bromeó sin dejos de nostalgia.

¿Por qué el color negro?

Principalmente porque es una herramienta que evita cualquier distracción. Al no tener ninguna información permite que uno se concentre en la silueta y en la forma pura.

Además, el negro es eterno, fácil de combinar y a todo el mundo le queda bien. No significa nada y a la vez significa todo. Uno puede ser un montón de cosas vestido de negro. Por eso me parece un color maravilloso.

¿Nunca te tentó usar otro color?

No tengo problema de diseñar con otros colores. De hecho, cuando hago trabajos a medida uso color. Pero en esos casos tengo la posibilidad de analizar qué le queda mejor a la clienta teniendo en cuenta su piel y el color de pelo. Realmente el color es algo muy personal. Te define, habla de tu personalidad y de tu estado de ánimo.

Cada diseñador tiene su propio objetivo a la hora de crear ¿Cuál es el tuyo?

Me gusta hacer prendas atemporales, pulcras y austeras que trasciendan en el tiempo.  Siempre con el mayor propósito de favorecer y dejar mi marca sin imponer jamás mi estilo sobre la persona.

¿Cómo lo lográs?

Poniendo siempre el foco en la moldería, en el corte y la confección para que el diseño sea sentador. Cuando eso se logra, es una especie de experiencia transformadora. De esa forma garantizo que siempre va a realzar.

En una colección prêt-à-porter ¿cómo podés garantizarlo sin conocer a quién usará la ropa?

Cuidando mucho los brazos, rodillas y codos porque me parece que no todo el mundo puede mostrarlos por cuestiones naturales. Hubo una época en la década del sesenta que se puso de moda ser joven y se empezó a diseñar solo para los jóvenes. La verdad es que eso me parece muy cruel, la juventud es algo que se te pasa en un chasquido. El cuerpo se modifica. Entonces exponer a que todo el mundo se esté vistiendo de joven me parece ridículo. Antes había otro extremo en el que las mujeres pasaban de vestirse de nenas a señoras. Incluso uno ve que parecían señoras grandes cuando eran jovencitas. Hoy hay un intermedio.

Por eso siempre cuido de diseñar cosas que tengan mangas, que cubran la rodilla y guarden proporción. Y lo hago a modo de mensaje tranquilizador: todas las mujeres son hermosas a toda edad. Además, me parece mucho más sexy el sugerir y tapar. Cuando está todo desnudo no hay nada que descubrir.

Si tomamos una revista de moda vemos muchas transparencias y desnudos…

Es verdad. Muchos amigos me dicen: ¿Cómo es que vivís de lo que hacés si en las revistas todo lo que se ve son desnudos, escotes y transparencias? Y yo siempre respondo lo mismo: si el mercado fuera nada más lo que se ve en una revista yo no podría hacer lo que hago y vivir de eso. Existe otro público que tal vez no está reflejado en lo masivo o en lo popular. La calle está llena de mujeres reales que quieren estar bien vestidas.

¿No temés que tus diseños pasen desapercibidos?

No me interesa que llamen la atención por sí mismas, sino por lo que subraya en la persona que las usa. Cuando vas a la tienda y ves el perchero, para mí son todos trapos negros colgando. Pero cuando portás el vestido te das cuenta de cuánto mejor te ves. Eso es lo que está bueno para mí.

¿Creés que eso te puede desdibujar como diseñador?

Lo que más me importa a mí es lo verdadero, lo auténtico. Intento no traicionarme y hacer lo que me identifica y refleja. Y eso, inevitablemente, hace que un vestido tenga mi huella y se pueda reconocer por más clásico y sutil que sea. No necesito disfrazar a nadie de lo que no es para dejar mi firma.

Que diseñes prendas clásicas y atemporales ¿Te perjudica económicamente?

Cuando empecé mucha gente me planteaba que alguien que viene y se compra todo de una vez ya tiene el guardarropa hecho y no vuelve a venir. Pero yo como consumidor, pienso que cuando tengo cosas que me gustan quiero tener más. No importa que ya tenga un pantalón que me quede bien. Ya sé que ahí voy a conseguir otra variante que me va a gustar. No es comprar porque está de moda y luego descartar. Es un consumo diferente.

¿Consumo sustentable?

Claro. Cuando empecé no existía el concepto de lo sustentable, de lo no descartable. Lo empecé haciendo de una manera inconsciente, pensándolo desde lo moral. No quería hacer cosas que se descartaran.

Por eso no hago liquidaciones de fin de temporada. Hacemos cada tanto un mercado para esas prendas de talles discontinuados que van quedando. Juntamos todo y hacemos un mercado con precios muy accesibles. Pero no liquidamos a fin de temporada para dar paso a una nueva colección, porque la nueva es una continuidad de la anterior.

¿Cómo trabajás con las novias?

Los vestidos de novia son una co-creación. Lo hacemos juntos. Son mi mirada sobre la novia que viene a verme. Por eso son diseños únicos. Jamás le presentaría una colección de vestidos de novia para que elija uno, porque lo que más me interesa es que el día de su boda sea ella misma y que no esté disfrazada de algo que no es.

¿Es un proceso largo?

Para nada. La primera entrevista es para conocernos y ver si tenemos feeling, por eso no la cobro. Le pregunto todo sobre ella. Desde cómo usa el pelo hasta si es de maquillarse mucho. Qué tipo de zapatos le quedan cómodos. Imaginate que, si jamás usó tacos, no le puedo hacer un diseño pensado en grandes zapatos porque al rato se los va a sacar y pisarse el vestido. La segunda cita hago los bocetos, eligen, vemos los materiales y la siguiente es para tomar las medidas. La próxima ya tiene el vestido hecho.

¿Son muy ansiosas?

Sí, bastante. Pasa que muchas veces reservan con un año de anticipación el salón y piensan que el vestido es lo siguiente. Tienen la fantasía de que van a ver al diseñador y van a estar un año haciéndose el vestido. Y el proceso lleva no más de mes y medio. No es una terapia para venir una vez por semana hasta que se case (risas).

¿Has dicho que no alguna vez?

Sí, por ahí viene alguien y describe un vestido que siento que otra persona lo puede hacer mejor y le digo: “para esto yo no te sirvo”. Hago lo que sea, pero a veces me doy cuenta de que buscan algo que no hago, como corsetería o bordados a mano, entonces les recomiendo a otro diseñador.

¿Hacés vestidos que se pueden adaptar en la fiesta? ¿Acortar por ejemplo?

No, yo transformers no hago. Eso de que el vestido se vaya desarmando me desquicia. Por eso le pregunto tanto cómo es la novia, si es de bailar mucho o si es más tranquila, justamente para que no necesite otro vestido en la mitad de la boda. Quiero algo que le permita tener una entrada espectacular y después no se desarme.

¿Por qué siempre posás tan serio en las fotos?

(Se ríe) Desde que empecé nunca me interesó exponerme. Mi carta de presentación siempre fue mi trabajo. Nunca pretendí hacerme famoso, pero después entendí que la gente necesitaba verme y que un poco tenía que negociar. Me da mucha vergüenza, pero intento manejar la exposición lo mejor posible. Como no me gusta mostrarme naturalmente no me parece divertido sacarme fotos. Entonces hice de la seriedad un poco mi pose. Supongo que de alguna manera inconsciente pretendo poner una distancia.

también lanzó una pequeña colección de zapatos y bolsos.

“Los zapatos los pensé igual que a los vestidos. Quería que no pertenezcan a una temporada y que sean favorecedores. Es muy común que un tipo de zapato se ponga de moda y es imposible conseguir otra cosa que no sea eso. ¡Ahora toooodas están con plataformas!”.