PILAR SORDO

EL CASAMIENTO, UNA CARRERA HACIA EL DISFRUTE

Por Inés María Agosta

La psicóloga y escritora Pilar Sordo hace tiempo que logró traspasar los límites ge_MBH2096 (1) (1) - copia - copiaográficos de su Chile natal. Hace una década publicó su primer libro, ¡Viva la diferencia!, y desde entonces sus reflexiones sobre el amor, la felicidad y la educación de los hijos, entre otros temas, se transformaron en interesantísimas conferencias y publicaciones editoriales que se escuchan y leen en todas partes del mundo.

Cómo definirías el casamiento?

Tiene que ver con legitimar el amor que ya existía en privado y poder hacer un reconocimiento público de ese amor y del compromiso que esas personas quieren establecer para toda la vida. Implica una decisión importante, que tiene que incluir sentimientos y también la mirada del proyecto en común que debiera ser concordante.

¿Cómo viven las parejas hoy la ceremonia y la fiesta?

Se ha ido transformando todo en algo muy mágico y muy encantador para las personas, pero también en algo que produce tensión. La exigencia por estar con el mejor banquetero, en el mejor lugar, se transforma cada vez más en una carrera que se vive bastante agotadoramente. Muchas veces se pierde el objetivo real que tiene que ver con el pasarlo bien, con el compartir con la gente que uno quiere (quienes se supone que deberían ser los invitados).

¿En qué sentido el compromiso matrimonial debería ser más “realista”?

Si uno se casara diciendo “voy a intentar no dañarte y desde mi más profunda imperfección intentaré hacerte feliz” tomaría contacto con la vulnerabilidad o con la imperfección que ayudaría mucho a entender que el proceso no es tan mágico como se vive esa noche sino que tiene que ver con un compromiso formal que las parejas lo tienen que haber conversado antes de tomar la decisión. Si no lo han hecho, me parece peligroso.

Soles decir que hoy en día en las relaciones de pareja hay un “hiperanálisis” constante. ¿Crees que esto afecta a la hora de tomar la decisión de casarse?

Sí, creo que hay una hiperracionalizacion: uno quiere tener todo controlado y el control está siendo hoy casi más importante que los sentimientos. Me impresiona cómo piensan tanto todo, si al final las cosas importantes de la vida son las que uno de verdad se escucha desde el interior y no tiene tantos factores contrarios. Uno cuanto más envejece más se da cuenta de que los espacios de control son mínimos.

¿Qué consejos darías a las parejas que ya están acostumbradas a esta dinámica, para que puedan revertirla?

Que se miren hacia adentro. Que dejen de pensar lo que los otros quieren para ellos. Que busquen espacios de silencio para pensar cómo y con quién quieren compartir su vida. Si la persona que está al lado les hace bien, si tienen visiones parecidas del mundo. Son variables que hay que considerar al momento de tomar la decisión. Hay que entender que el amor no va a ser siempre suficiente. Que muchas veces, y en los momentos más difíciles, va a haber que ponerle mucha garra a esa situación, y eso va a pasar por otras cosas que tienen que ver con el tipo de persona que tengo al lado. Que de alguna manera yo pueda confiar en esa persona es más importante que la pasión desbordante. Porque eso a la larga va a terminar por venirse en contra si estoy con alguien que me hace daño. El amor no es razón suficiente para quedarse con alguien que me daña. Hay amores que son patológicos.

Vos considerás que cada persona es un “mundo infinito”, ¿cómo se tiene entonces la certeza de que uno se conoce lo suficiente como para casarse?

Uno hace un proceso de transformación constante. El otro quizás también va cambiando con uno, e ir descubriendo y amando todos los días a ese nuevo ser por la mañana es una revitalización maravillosa para que esa relación pueda continuar. Tiene que haber una certeza de que a esa persona le conozco sus lados oscuros y sus lados luminosos, y si hago un análisis entre los dos yo sé que me merece. Entonces sí hay más posibilidades de que eso pueda continuar. Porque la vida tiene muchos vaivenes, pero en esos vaivenes hay que reencontrarse con el otro permanentemente.

¿Crees que los roces en la pareja durante la organización del evento tienen que ver con no sentir el riesgo de perder al otro?

Hay estudios que prueban que las discusiones en el momento de empezar a organizar un matrimonio aumenta en un 90%.  Lo peor que le puede pasar a una pareja es sentir que está segura en la relación, porque se produce ese “achanchamiento”, el no buscar conquistar al otro. A lo largo de los años no es que disminuyan las ganas de hacer el amor o la libido, lo que disminuye es la capacidad que tiene la pareja para generar situaciones que antes sí generaba y que despertaban esa libido. Eso es válido para cualquier situación. Las parejas tienen que hacer todo lo posible por mantener aquellas cosas que les ha hecho bien durante el noviazgo, que mantenían el encanto y que hacía que estuvieran felices con el otro. Hay que buscar los puntos de encuentro. Si durante la organización solo hablan de los preparativos después se van a sentir tremendamente solos porque no pueden compartir las cosas que les pasan mientras están en el proceso, y eso es un daño muy grande a la relación que a veces incluso cuesta reparar.

Si crees que el dinero puede ser una herramienta de poder en una relación, ¿qué rol te parece que cumple en estas situaciones?

El cómo van a financiar todo tiene que dejarse claro en el primer día de la decisión para no encontrarse con sorpresas en el camino. En la medida en que se expresen sentimientos asociados al tema de los recursos, objetivamente la probabilidad de que todo resulte mejor es mucho más alta. El “pensé que” siempre termina por arruinar la situación.

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A partir de las características de lo “masculino” y lo “femenino” que describís en ¡Viva la diferencia!, ¿cuál crees que es la mejor forma de complementarse para organizar un casamiento?

Objetivamente el aporte femenino incluye el valor de los procesos, que quiera por ejemplo tener varios presupuestos y pensar más en ciertos detalles. Y el aporte masculino es el avanzar, tiene que empujar para que se vaya concretando todo e ir dando vuelta páginas. Lo “masculino” siempre está más preocupado por el objetivo final, en este caso que la fiesta salga bien.

¿Qué pensás del fantasma que dice que el matrimonio termina con el amor?

El que una pareja fracase porque se casó me parece absurdo. La decisión o la continuidad de la relación tiene que ser independiente de esa ceremonia. El amor es una decisión, no es un sentimiento nomás. No basta solo con amarse. También hay que tener proyectos de vida en común, sentido del humor, capacidad para compartir experiencias, disfrutar del éxito y acompañar en el fracaso del otro. El amor no es suficiente para que una pareja dure para toda la vida; puede durar para siempre si de verdad toman la decisión de estar juntos.

‟Siento que la preparación de la fiesta no puede ser una carrera al éxito, tiene que ser una carrera al disfrute. Si hay cosas que salen imperfectas, eso es maravilloso que ocurra, porque tiene que ver con la naturaleza humana. Todo el mundo quiere vivir la boda del cuento, pero ésta no pasa necesariamente por características más humanas. Hay con reconocer que somos vulnerables, que no todo va a salir perfecto y que yo voy a privilegiar el disfrute. Todo lo demás va a pasar a ser accesorio. Por supuesto cada uno va a tratar de hacerlo lo más bonito posible en base a los recursos que cada uno tenga. Hay que respetar esos recursos para que nunca sean un obstáculo y que no se endeuden demasiado, porque no tiene sentido. Porque a la larga la posibilidad de compartir con los que uno ama es mucho más importante que cualquier cosa.”