• EL CASAMIENTO TIENE QUE SER UNA EXPERIENCIA INCREÍBLE PARA TODOS NUESTROS VECINOS

    Mariano Cordeiro, Director del Registro Civil y Capacidad de las Personas

Por Dolores Vidal - Ph: CUIKA FOTOS

 Mariano Cordeiro, Director del Registro Civil y Capacidad de las Personas

Hace 14 años la ciudad de Buenos Aires dispuso la unión civil y otorgó ciertos derechos a las parejas, homosexuales y heterosexuales. Fue una ciudad pionera en Latinoamérica. ¿Cuál es el balance en este tiempo?

La unión civil permitía formalizar los vínculos de personas de igual o distinto sexo bajo un régimen jurídico diferente al del matrimonio civil, que les otorgaba algunos derechos. Fue una disposición de vanguardia, un paso hacia la unión convivencial, que es la que hoy regula el nuevo Código Civil y Comercial (ver “Los 10  cambios clave para la pareja y la familia”). Hoy todas las parejas con dos años de convivencia entran en el régimen de unión convivencial, no necesitan inscribirse en el Registro. Pueden demostrar la convivencia por cualquier medio de prueba. Por eso, la unión civil cayó un poco en desuso frente al matrimonio igualitario y al reconocimiento legal de las uniones convivenciales.

Cuántos casamientos registran por año?

Hay 12 mil casamientos anuales. El mes de más ceremonias es diciembre con 1400 uniones. Pero hay hitos: cuando ofrecimos casarse en el Teatro Colón, se anotaron 4400 parejas, fueron sorteadas 12, que se casaron el 5 de diciembre.

¿Va a seguir el programa de casamientos en lugares emblemáticos?

Sí. Lo lanzamos el día de San Valentín, el 14 de febrero. Hay que pedir turno con 60 días de anticipación y pueden elegir, por ejemplo, el Rosedal, la Glorieta de Barrancas de Belgrano, la Usina del Arte, el Teatro 25 de mayo, el Barrio Chino… La idea es que estén presentes lugares que son un hito en los diferentes barrios de la ciudad.

¿Cuál es el sitio que tiene mayor demanda?

El Rosedal. Ahora hay que esperar que pase el invierno para casarse ahí. Y vamos a habilitar otras áreas del Rosedal para triplicar los turnos. Vale aclarar que todo el decorado lo hace la ciudad.

¿Cuánto cuesta esta opción?

Tiene un costo de 5785 pesos. Igual que la opción de que el oficial público te vaya a casar a tu fiesta. Esto también es una novedad, porque antes el oficial podía ir a tu fiesta a entregarte la libreta, pero ahora te casa directamente allí. Vamos a hacer una oferta de turnos de jueves y viernes, de 18 a 22. Y sábados, domingos y feriados, de 10 a 22.

¿Qué otras novedades tienen para los novios?

Hoy el turno se pide por internet y el apto prenupcial se puede hacer en una clínica privada. Fue una de mis primeras disposiciones. Hay que subordinar las cuestiones burocráticas a la gran experiencia afectiva que es casarse.

¿Tienen en marcha otras iniciativas para que las ceremonias sean cada vez más cercanas?

Sí, vamos a lanzar la plataforma digital Buenos Aires amor. Va a estar en algunas comunas: en el Registro de la calle Uruguay, en Belgrano, Caballito y Flores. Permite que los novios se inscriban sin costo alguno  y desde ahí generen una plataforma donde puedan invitar a participar, a través de Facebook, a sus amigos. Ellos van a poder grabar un video saludando a los novios para mostrar en el lugar de la ceremonia. Allí va a haber una pantalla, que va a hacer una grabación en vivo, y va a enfocar las caras de los novios para que todos puedan verlos mientras se casan. Generalmente, los invitados están a espaldas de los novios.

¿Qué otras posibilidades ofrece la tecnología?

Otro golazo va a ser la transmisión en vivo del casamiento vía streaming a todas las personas que los novios inviten en cualquier lugar del mundo que estén. Hay que poner creatividad para que las experiencias sean cada vez mejores. El casamiento tiene que ser una experiencia increíble para todos nuestros vecinos.

El Registro refleja los cambios que ocurren en las costumbres. ¿Qué percibe como tendencia en el matrimonio y la familia?

El matrimonio se ha desestructurado bastante. Antes era el punto de partida de una pareja. Hoy, generalmente, es el punto de llegada o el punto de inflexión. Antes esto era más excepcional.

LOS 10 CAMBIOS CLAVE

PARA LA PAREJA Y LA FAMILIA

En agosto se van a cumplir dos años del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación que modifica puntos fundamentales del matrimonio y la familia. Sin embargo, todavía es un territorio desconocido para muchos. Aquí, una guía para entender cuáles son las novedades que impactan en la convivencia.

1. ¿Quiénes se pueden casar?

Para casarse hay que tener 18 años y los conceptos de hombre o mujer se reemplazan por “contrayentes”. Se incorpora al Código el matrimonio igualitario, con todos los alcances de la ley.

2. Fieles o no tanto, esa es la cuestión.

Desaparece el deber conyugal de fidelidad y el adulterio ya no existe como causa de divorcio. La pareja no está obligada a convivir y ya no existe el deber de “mutuo respeto”. En cambio, se deben asistencia y alimentos.

3. Contigo pan y cebolla.

Ahora, al celebrar el matrimonio, se puede optar por compartir o no los bienes. Es decir, elegir entre el régimen de comunidad o el de separación de bienes. No es una decisión definitiva: se puede modificar una vez al año con certificación de escribano. Si se elige el régimen de separación de bienes, cada uno adquiere su patrimonio como si no estuviera casado. Los matrimonios ya constituidos, antes de que entre a regir la reforma, deben esperar un año para optar por un sistema de separación de bienes. También se puede pactar sobre los bienes que cada uno lleva al matrimonio.

4. De ahora en más, ¿Señor de?

Cualquiera de los cónyuges puede optar por usar el apellido del otro, con la preposición “de” o sin ella.

5.  Hogar, dulce hogar.

Una persona casada o en unión convivencial no puede vender ni alquilar la vivienda familiar sin el acuerdo de su cónyuge o pareja.

6. Acuerdos para la paz.

Quienes decidan no contraer matrimonio, pueden firmar un acuerdo de convivencia y determinar qué le toca a cada uno si se separan. Puntualizar qué ocurre con la vivienda, quién queda al cuidado de los hijos y también qué sucede con las mascotas y los bienes.

Igualmente la ley les reconoce derechos, aunque no certifiquen la convivencia ni firmen un acuerdo. Son derechos previsionales y con respecto a la vivienda en común. Pero no es lo mismo estar casados que en unión convivencial. Los convivientes no tienen derecho a herencia ni a una cuota alimentaria en caso de ruptura. Aunque sí pueden pedir una compensación económica.

7. Divorcio exprés.

Para divorciarse basta con que uno de los dos lo quiera y solicite. Desaparecen las causas y los plazos de espera. No hay que demostrar ante un juez quién tuvo la culpa del fracaso matrimonial. Pero sí se debe presentar un plan que determine cómo se va a organizar la vida familiar: los gastos, la vivienda y los hijos.

8. Los chicos primero.

Se reemplaza el concepto de “tenencia” de los hijos por el de “cuidado”. Ya no se habla de “patria potestad”, sino de responsabilidad parental. Tampoco de padre o madre, sino de vínculo filial. No hay más un régimen de visita, sino un sistema de comunicación. Aparece el término “voluntad procreacional”: la paternidad no se define por el vínculo biológico, sino por la voluntad de tener un hijo. Si una pareja no logra un embarazo y decide recurrir a la fertilización asistida, a través de la donación de óvulos o espermatozoides, la filiación no se determina por el material genético, sino por la voluntad procreacional de la pareja. Cuando el niño nace es considerado hijo de esa unión y no se puede impugnar la paternidad por razones genéticas.

9. ¿En el nombre del padre?

A la hora de inscribir a un hijo, los padres pueden elegir hasta tres nombres. Y en cuanto a los apellidos, hay más libertad que antes. El primer apellido puede ser el de cualquiera de los padres. Y se estipula que todos los hijos de una misma pareja deben llevar el mismo apellido, ya sea simple o compuesto.

10. Los míos, los tuyos y los nuestros.

Se crea una figura que reconoce los derechos y obligaciones de la pareja de la madre o del padre que tiene a cargo el cuidado de los hijos. Se llama “padre o madre afín” y cuenta ahora con el derecho a ser reconocido como tal, por ejemplo, en los colegios o en los hospitales. Por otra parte, no puede desentenderse de los alimentos ni del cuidado de ese chico en caso de que finalice su relación con el progenitor. Se genera un vínculo protegido por la ley.