ROXANA ZARECKI

Una mente inquieta

Por Valentina Caffaratti

Sin buscarlo, formó parte del selecto grupo de mannequins que en los noventas volvían locos a los argentinos. Además de trabajar en nuestro país, sus piernas kilométricas recorrieron las pasarelas de Nueva York, París, Milán, Tokio y Berlín. Como si esto fuera poco encontró el tiempo para estudiar abogacía y periodismo. Fue presentadora en el noticiero de canal América y viajó por todo Latinoamérica realizando entrevistas para Fashion TV.

En pleno apogeo de su carrera, luego de veinte años en la industria, decidió pisar el freno, serenarse y volver a barajar. Cambiar de paradigma.

Dejó todo para apostar a la familia y como no podía mantenerse quieta, a modo de hobby, decidió incursionar en el mundo de la joyería. “Me interioricé en todas las áreas que te puedas imaginar. Estudie de todo: joyería antigua, fundición, galvano y modelado”, declara.

Lo que comenzó siendo un entretenimiento terminó por convertirse en un negocio rentable. Hoy tiene taller propio, diseña accesorios para firmas de primer nivel y tiene su marca de joyas: RZ Studio. ¿La receta de su éxito? La búsqueda constante del perfeccionamiento. “Cuando uno decide hacer algo tiene que apuntar a ser el mejor en el rubro que elige, y para eso hay que prepararse”.

¿Cómo empezó tu carrera de modelo?

Cuando tenía dieciocho años estaba de vacaciones en Punta del Este y se me acercó un booker de la agencia Dotto Models. Volví a Buenos Aires, hice una sesión de fotos y enseguida me llamaron para desfiles y producciones. Así empecé.

¿Cómo fueron los primeros pasos en la industria de la moda?

De mis primeros días lo que más recuerdo es una nota con Lucía Uriburu. Yo casi no había hecho fotos y de la nada me pusieron al lado de Mariana Arias, que ya era super top. Yo tenía las cejas enormes entonces caí en las mágicas manos de Mabby Autino, que también recién empezaba, y me las dejó finitas. Me recuerdo posando sin saber ni cómo pararme, pero lo peor era ¡lo que me dolían las cejas! .

Los noventas fueron una gran época para las modelos.

Sí, fue una etapa muy característica, la de las modelos estrella. Había como un furor por las modelos y éramos muy pocas.

Recuerdo que cuando íbamos al interior nos esperaban como si fuéramos los Beatles. ¡Una locura! Ahora cuando nos encontramos con las chicas de la agencia en algún bar nos gritan: “¡Volvieron los noventa!”.

Viajabas mucho, ¿no?

En esa época salían muchos trabajos en Japón y Alemania, pero yo no podía ir porque mis papás me decían: “Hasta que no termines abogacía no vas”. Y la verdad que terminar la carrera viviendo en Japón era imposible. Lo más gracioso es que me recibí y jamás ejercí el Derecho.

Cuando terminaste la facultad, ¿tuviste más libertad?

Sí, me saqué las ganas de agarrar trabajos afuera. Tenía intriga de cómo era así que me fui tres meses a Japón y después a Alemania.

Al tiempito, cuando estaba haciendo un desfile en Buenos Aires, una productora extranjera se copó conmigo y me invitó a trabajar en París. Hice una gira de tres años por París, Nueva York y Milán. Fue, sin duda, una experiencia hermosa. Lo disfruté mucho y me fue bárbaro.

¿Al mismo tiempo trabajabas también en Argentina?

Sí, hacía de todo. Desde campañas y desfiles, hasta la conducción del noticiero de América, porque también había estudiado periodismo.

Después trabajé en Fashion TV, que salía para todo Latinoamérica. Nos fue muy bien, incluso ganamos un Martín Fierro. Pero cuando me propusieron renovar no acepté. No sólo eso, sino ningún otro contrato con las marcas que trabajaba en ese momento.

¿Querías bajar un cambio?

Fue un cambio de objetivos. Hubo un momento de transición que yo decía “esto no lo hago, aquello sí”. Y la verdad es que se me tornaba imposible. A veces tenía que viajar al interior para un desfile y ya no quería. Me pesaba no estar cumpliendo con el ritmo de trabajo como lo venía haciendo. Por eso en el 2007 decidí hacer un cambio radical en mi vida. Un parate total de un día para otro. Y dejé absolutamente todo.

¿Por qué?

Cambió mi proyecto de vida. Me iba a casar y me pareció que era un buen momento para cerrar la etapa de modelo. Cuando me fui de la agencia y le conté a Pancho Dotto que me iba me dijo: “¡Estás loca!”. Pero yo estaba re decidida, así que dejé todo para casarme y proyectar una familia.

¿Te dio vértigo?

Sí, por supuesto. No fue una decisión fácil de tomar porque tenía una vida re activa con mucho trabajo y propuestas permanentes. Al mismo tiempo había estudiado abogacía y periodismo. No había parado nunca en más de veinte años.

¿Cuándo surgió la idea de dedicarte al diseño de joyas?

Cuando empecé a estudiar joyería mi único objetivo era entretenerme. Hacía cosas para mi familia y mis amigas. Una tarde se me ocurrió llamar a las marcas con las que había trabajado hasta hacía muy poco y ofrecerles diseñar accesorios. Contacté a Vitamina, Allô Martinez, Uma, Yagmour y realicé lo que me pedían las productoras de la marca. Me daban una idea, yo creaba el prototipo y después producía en cantidad. No era una marca mía, ellos lo comercializaban.

Pero no te conformaste con eso…

No. Decidí dar un paso más: armar mi propia línea de joyas, RZ Studio. Eso implicó un trabajo totalmente diferente. Lo que más me costó fue lograr una coherencia a la hora de diseñar. Para eso le consulté a muchos diseñadores con los que había trabajado. Quería que me explicaran cómo lograban hacer diseños bien característicos manteniendo una coherencia en toda la línea. Eso es lo más difícil para mí.

¿Sos muy perfeccionista?

Yo diría que no me gusta hacer las cosas a medias. Por eso me preparé tanto. No fue fácil porque en el mundo de la joyería no hay un lugar donde estudiar todo. Me la rebusqué y fui encontrando alternativas para instruirme.

¿Ves mucho improvisado en el mercado?

Creo que hay un montón de emprendedores que se largan con un entusiasmo enorme a vender un producto. Y quizás hay que poner un pie en el freno y tomarse el tiempo para prepararse.

También hay que ser cuidadoso en las finanzas…

¡Ni hablar! Tenemos que hacer magia en este país. Yo arranqué muy bien pero el año pasado fue bastante duro. La venta en el interior pasó de ser muy buena a llamar y que de repente me digan que el local al que proveíamos cerró.

Igual sigo adelante con mi pequeño taller, sólo somos tres personas. Nos adaptarnos a los tiempos que corren. Para crecer hay tiempo, pero hoy no es el momento. Estamos preparados para cuando las cosas mejoren sin que nos coman los gastos.

¿Hoy cuál es tu nuevo desafío?

Para el 2019 estamos preparando, junto a la diseñadora textil Agustina Moreno Ocampo, una nueva marca de accesorios llamada RZAMO. Es un juego con las iniciales: RZ de Roxana Zarecki y AMO de Agustina Moreno Ocampo.

Para desarrollarla tomamos muchos elementos del legado de los pueblos originarios latinoamericanos. No con la intención de hacer una copia de antigüedades, sino una adaptación a una joyería moderna y contemporánea con una fuerte impronta autóctona. Nuestra idea es proyectar la marca al exterior para generar trabajo acá y que ingrese capital. Queremos llevar al mundo algo bien nuestro.

¿Usabas accesorios en tu época de modelo?

¿Podés creer que no? Ahora soy fanática. De todo lo que hago me voy quedando con algo. Por eso me compré un mueble antiguo tipográfico. Tiene cajones muy chicos con cuadraditos para guardar aros, anillos y collares. Tiene veinte cajones con cincuenta cuadraditos cada uno. ¡Así que imaginate todo lo que tengo!.

“Mi máximo desafío es que quien las use, se enamore de ellas tanto como yo»

En la Argentina veo muchísimo talento. La semana de la moda tiene cosas espectaculares. Por supuesto los diseñadores locales están atentos a las tendencias mundiales, pero siempre con el sello de la impronta personal de cada uno.

El talento argentino merece la posibilidad de lucirse en el mundo. Podríamos estar a la altura de Brasil, pero es como que siempre nos falta un poquito.

Podés encontrar todos sus productos en:

www.rzstudio.com.ar