SERGIO SINAY

CREO EN LAS CONTINUIDAD FELICES

Por Dolores Vidal · Photos: Gastón Doval

El amor, el paso del tiempo, la búsqueda de la felicidad son temas que el reconocido ensayista, narrador y periodista Sergio Sinay viene desentrañando con mirada aguda desde hace mucho tiempo. Los títulos de sus libros hablan de las preguntas que lo inquietan y que intenta responder a través de sus estudios e investigaciones. Entre otros, Vivir de a dos, Misterios masculinos que las mujeres no comprenden, Las condiciones del Buen Amor, Elogio de la responsabilidad, El arte de vivir en pareja, La masculinidad tóxica, Ser padre es cosa de hombres. También publica todos los domingos una columna en la revista de La Nación y tiene su blog personal: www.sergiosinay.com

Recibe a Nubilis en su casa de Belgrano, un piso alto con una vista increíble de la ciudad. Pienso que no es casual que alguien como él busque mirar el mundo cotidiano desde esa altura. La distancia, el aire y la lejanía permiten observar con precisión todo el bosque. Los vínculos humanos, las cuestiones existenciales. Pero lo que me interesa mucho de Sinay es que sus indagaciones teóricas están acompañadas de vivencias personales. Está casado con Marilén Stengel, hace 25 años que viven juntos y todo lo que propone en sus ensayos está firmado en primera persona.

Sergio ¿ qué hecho, tendencia o costumbre de los últimos años impactó más en la pareja actual?
Voy a citar a Zygmunt Bauman “Las relaciones amorosas están muy líquidas”. No cobran forma, no se mantienen en el tiempo. Yo creo que la pareja está atravesada por distintos fenómenos de la época. La impaciencia, la ansiedad, la fugacidad, las relaciones descartables. Hay mucha atención en el ruido externo y poca en los espacios de intimidad real. Por supuesto que estoy generalizando. Siempre, afortunadamente, se conocen parejas que crean espacios de intimidad y perduran en el tiempo.

¿Cómo influye la tecnología, el uso de las redes y la multiplicidad de pantallas en la vida de pareja?
La tecnología ha impactado mucho. Mucho contacto de la pareja transcurre a través del whatsapp, instagram, facebook. A veces veo parejas en restaurantes que no se miran; miran sólo sus pantallas y pueden pasar así largos minutos. No se comunican entre ellos.

Es frecuente encontrar mensajes amorosos en facebook para festejar aniversarios o cumpleaños. Hoy el amor de pareja se comunica a través de una pantalla.
Sí. Yo creo que es un signo de pérdida de la intimidad. Parece que si no publicás todo, no existís. Hay también una pérdida del pudor, del misterio. Las redes son vidrieras y nos han convertido a todos en productos. Somos cosechadores de “likes” y salimos a exhibir felicidad.

¿Se pone hoy mucho esfuerzo en que nos vean felices más que en ser felices?
Yo creo que la gente feliz no necesita mostrarlo en una vidriera. La felicidad te recorre por dentro. Cuando hay tanta necesidad de que te vean feliz, llegó el momento de preguntarse por qué.

¿Cómo afecta a la pareja la adicción a las nuevas tecnologías?
Toda pareja tiene que construir un jardín propio con espacios comunes y personales y una buena medianera. Si no se construye la intimidad, es como tener un árbol muy bello sin raíces. El primer viento lo derrumba. Las raíces de una pareja se construyen a través del diálogo, las experiencias compartidas, las vivencias reales, no virtuales. Algunas experiencias van a ser agradables, otras dolorosas; la vida. El amor es una construcción, sin duda.

Sergio, tanto en tus libros como en tus columnas, siempre decís que el amor es un punto de llegada, no un punto de partida. ¿Qué significa esta definición para el compromiso de una pareja?
El punto de partida es el enamoramiento. El amor es conocimiento, historia, proyectos cumplidos; distintos puntos de encuentro de la diversidad. Hay cosas que no dependen de la magia del amor. Hay que poner mucha atención en el otro para conocerlo. Amar es conocer. Si quiero acompañar, querer y estimular al otro, tengo que saber cuándo y cómo se siente acompañado, querido y estimulado por mis acciones.

Muchas veces te referís al paso del tiempo como el gran escultor del amor. ¿En qué sentido el tiempo es un aliado?
Tengo que aprender a amar y esto se logra con tiempo. No puedo eliminar procesos. Es como construir una casa. Hay que cavar cimientos, poner ladrillos, hacer la mezcla, pintar… Llegar al final de la obra es atravesar una experiencia de trabajo con acciones amorosas. Hechos en los que el amor se traduce. El “te amo” tiene que llegar al otro a través de una acción.

¿Cuáles son las diferencias en la manera de amar de varones y mujeres?
Aquello que los hombres no decimos con palabras, lo decimos con acciones. Las mujeres, evidentemente, son más hábiles en la expresión de los sentimientos. Cuando la mujer dice “charlemos”, el hombre dice “hagamos”.

Es tan viejo el chiste de que las mujeres decimos siempre “tenemos que hablar”.
Sí, por eso, yo digo en los grupos de varones: “Cortemos ya con esos chistes”. Nos postergan en la tarea de comprender, aceptar y aprender. Cuando ella quiera dialogar, dialoguemos. Y cuando uno quiera hacer, que ella acompañe. Los varones tenemos que aprender a escuchar más y las mujeres a mirar más. Hay que entender que somos diferentes. Toda pareja es un encuentro de extranjeros en un territorio nuevo para fundar un país que no existía. La pareja está hoy en un momento de formulación atravesada por signos de pregunta.

¿Y hacia dónde va?
Espero que hacia continuidades felices. La pareja requiere hoy mayor registro del otro, de sus necesidades, de la diversidad. Los seres humanos no podemos vivir solos. Podemos transitar solos parte del camino y, a veces, porque no queda otra. Lo importante es que la llegada sea en compañía. Por eso, hay que trabajar.

¿Y cómo se construye una intimidad compartida?
Con divertirse y aburrirse juntos; la vida. “Ay, nos estamos aburriendo, ¿no será momento de cambiar de pareja?” No, para que la diversión sea diversión, tiene que haber aburrimiento. La diversión constante es manía. No es necesario estar todo el tiempo estimulándonos. Y sí, decae. Todo decae. El día decae para que llegue la noche. Y todo se renueva.

La pareja pasa por distintas etapas. Tiene sus ciclos.
Sí. No se vive siempre en un pico ni en un sótano. Va a haber momentos descendentes por circunstancias de la pareja, de la vida o de uno de sus integrantes. Entonces, hay que hablar. Nadie se casa para divorciarse. La idea es prolongar el amor la vida entera. Todos queremos eso. Requiere un “contrato”, un acuerdo; esto no le quita magia, romanticismo. Hay que pensar el amor.

¿Y cómo sería ese “contrato”?
Primero debemos saber que no siempre la vamos a pasar bien ni vamos a pensar igual. Segundo, pactemos un contrato de actitud: respetarnos y actuar de buena fe. Después la vida va a ir diciendo. Y la primera enmienda del acuerdo, como dicen los norteamericanos, es que el contrato es revisable a propuesta de cualquiera de los dos.

¿Y cómo sigue la historia? ¿Comieron perdices?
Yo no creo en los finales felices. Creo en las continuidades felices. Cada pareja es una experiencia única e irrepetible. Pero hay ingredientes que ayudan: responsabilidad, presencia, respeto y registro del otro. La pareja es un trabajo, que vale la pena. El resultado es lo mejor que nos puede pasar en la vida.