VIRGINIA MOLINA

“La belleza es lograr conmover”

Por DOLORES VIDAL

Entrevista a Virgina Molina. en su atelier de Palermo, con vidriera a la calle, la diseñadora recibió a Nubilis para mostrar el backstage de su proceso creativo. allí imagina y plasma, junto a un equipo selecto, vestidos que hacen soñar a novias, madrinas y mujeres que quieren sentirse únicas. Un universo exquisito y con firma de autora.

El diseño lo lleva en la sangre. Su bisabuelo inmigrante fue sastre de hombres y su querida abuela, Silvia Rojas, se dedicó toda la vida a la alta costura en Santiago del Estero. Fanática de Coco Chanel, logró despertar en su nieta toda la pasión por la costura bien hecha. Impecable.

“Mis técnicas las aprendí con ella. Me dio, generosa, todos sus trucos. Sus mejores secretos. Y aún hoy la consulto, porque es un gran regalo tener esa fuente de sabiduría tan cerca”, cuenta Virginia con mucho amor. Ella es tan expresiva como sus diseños.

“Mi metodología con cada novia es la personificación. Y el resultado final es la simpleza en torno a una gran complejidad. Es una sola pieza: no hay costuras, no hay cierres. La sensación visual es que esa mujer nació con ese vestido. Mis bordados parecen tatuados en la piel”, agrega.

¿Y quién podría sospechar que, al frente de este atelier tan glam, donde se respira romanticismo en cada rincón, hay una cabeza matemática? Así se escribe la historia: “Mis hermanos y yo somos  fanáticos de las ciencias exactas: de la física, la química, los números. Por eso, empecé estudiando ingeniería química en Córdoba, después me pasé a ingeniería biomédica, porque mi máxima meta era diseñar un corazón artificial para salvar la vida de muchos chicos enfermos. ¡Jamás imaginé que iba a terminar diseñando vestidos de novia!”, sorprende Virginia.

Todo hecho a mano. El lujo del detalle. De la pieza única, original.

“En el proceso creativo de diseñar y armar el vestido hay un antes y un después. Las novias se encuentran con ellas mismas y cuando ven su traje terminando, se miran al espejo y dicen: “Sí, ésta soy yo”. Es el mejor momento. Yo le dedico mucho tiempo a cada novia. Mis vestidos se adaptan a los distintas etapas de la fiesta. Son versátiles, dinámicos. Y debo confesar que soy fanática del bies. Me volví una obsesiva. Es difícil, pero una vez que encontrás el hilo de la diagonal, ¡es tu hilo! Algún día voy a escribir un libro titulado “El poder del bies”. Es maravilloso”, apunta con todo su entusiasmo.

Ahora Virginia está en pleno desafío de armar su primera colección de novias “para que todas puedan encontrar su vestido, aunque tengan poco tiempo”. La idea es presentarla en septiembre, con la primavera, cuando empieza la temporada más alta de casamientos. También quiere lanzar un pret-a-couture para los Civiles y las ceremonias religiosas más íntimas. “Además, busco diseñar siluetas diferentes, no convencionales, para sumar propuestas. Quiero tener una línea de smokings femeninos, súper elegantes”, agrega mientras una puede espiar cómo cortan los moldes y bordan pieza por pieza cada vestido. El atelier es un taller en acción.

Diseños y opciones que se adaptan a las distintas figuras y presupuestos. Ahora Virginia decidió innovar con un concepto bien actual: el alquiler personalizado de vestidos de novia, un 40% más económico que la compra. El sistema es igual que el tradicional: se confecciona el vestido en su totalidad a medida y gusto de la novia, pero después del casamiento, el traje vuelve al atelier para que otra mujer pueda lucirlo.

Y la historia continúa: “Siempre me hice mi ropa, desde chiquita. Mi abuela, mi maestra, por supuesto. Un día, en crisis total, decidí dejar mi carrera de ingeniería en Córdoba, me miré profundamente las manos y no lo dudé ni un instante más. Viajé a Santiago del Estero para comunicarle a mamá que me iba a vivir a Buenos Aires para estudiar diseño. Ya pasaron 14 años de esa decisión, apenas llegué, empecé a trabajar como vestuarista. ¡Conocí todo un universo fascinante! Trabajé cuatro años en cine y publicidad. Aprendí mucho, pulí mi ojo, fui recolectando la belleza en todo”.

¿Y qué es la belleza, Virginia?

Leí muchos libros en busca de una respuesta. ¿Qué se considera una obra de arte, por ejemplo? Y una vez encontré una definición muy linda que la tengo siempre presente cuando trabajo.

La belleza es lograr conmover a muchos sentidos al mismo tiempo. Ése es mi reto frente a cada novia. Que su vestido no sólo despierte una admiración visual, sino que también tenga textura, perfume, música…

¿A cuál destacás de la historia nupcial de todos los tiempos?

A Lady Di. La recuerdo de chiquita, ese casamiento parecía un cuento de hadas. Aunque hoy ese vestido está fuera de toda moda.

¿Cuál es tu novia icónica?

Es la novia que sabe lo que quiere. Segura de sí misma. Cada una es para mí una fuente de inspiración.

¿Tres palabras que definan a tus diseños?

Me da vergüenza decirlo yo… Pero siento que mis obras son sublimes. Y estoy tan agradecida a las novias que me eligen.

¿Tu género preferido?

Piel de ángel, que es el algodón de seda natural. ¡Tiene un encanto! La gabardina de seda también es maravillosa. Y el crepe, siempre hablando de su máxima expresión, al bies. Y no me quiero olvidar del Duchesse que es el raso de seda natural en su máximo granaje.

¿Un color?

La mezcla de verde con azul. Verde con una gotita de azul. Cuando cumplí 15, viajé a Sudáfrica y allí encontré la tonalidad justa: en la punta del Cabo de Buena Esperanza. En el cruce exacto de los dos océanos. ¡Maravilloso!

¿Un perfume?

El azahar, la madera, el jazmín.

¿Tu flor preferida para una novia?

Las gardenias y las orquídeas.

¿El detalle que no puede faltar?

Quizás algo azul que esté escondido. A veces pongo mi firma de ese color.

¿Qué te fascina de un vestido?

Me encantan las transparencias. En su momento me tenían miedo por mis escotes vertiginosos y hoy me buscan, justamente, por esos escotes (se ríe). Las transparencias son mis mejores amigas. Permiten que mi obra se muestre, que se pueda admirar a la distancia.

Una novia tiene que parecer…

Ella misma. Única e irrepetible.

“Mis conocimientos en matemáticas
hacen que mis cortes sean exactos.
Soy muy minuciosa”.